12 horas de fiesta y alcohol: el programa de despedidas de quinto año

La cita era para las 17; todo el curso se juntaba en la casa de uno de ellos. Iban a compartir la merienda, algunos ya empezarían con cerveza o un trago. A las 19.30 se irían a la previa propiamente dicha para la cual les alquilaron un salón. Tenían stock de vodka, fernet, gancia, campari. Tres horas después, partirían para la despedida, en un tradicional boliche de Roca. Ahí ya tenían aseguradas cuatro consumiciones para cada uno -vasos de agua o más alcohol-, pizzas, sandwich y baile hasta las 5 de la mañana.

El programa de las despedidas de quinto año es largo: promedia las 12 horas. Al folklore de la llamada “previa”, se sumó éste año la moda de la “preprevia”, que arranca en plena tarde.

Los mismos estudiantes -de entre 16 y 17 años- describieron los planes a “Río Negro”.“Se toma en la previa para no tener que pagar después. Tomamos de todo, lo que sea que tenga alcohol. Y nos juntamos antes en la preprevia para merendar, aunque algunos ya empiezan a tomar ahí”, resumió un estudiante de 16 a la salida de un céntrico colegio el pasado jueves al mediodía.

“A los 14 empecé, con fernet y gancia en las fiestas de 15. Te dan lo que querés, a no ser que te vean que ya estás muy mal. Ahora soy más grande y ya tomo bebidas blancas”, agregó.

“Si te pasas en la previa te quedás inconsciente y no llegás a la despedida”, apuntó una chica de cuarto año, que comentó que a la despedida se le suma el “after”. “Se hace en una casa o en el río, puede durar hasta las 10 de la mañana o el mediodía”.

El efecto del consumo de alcohol (embriaguez) es el motivo para la ingesta. “Es algo común, a todos nos pasa. Nos cuidamos entre nosotros”, agregó su par, de tercer año.

“Un amigo mío tuvo tres veces en coma alcohólico. No se daba cuenta de lo que tomaba, mezclaba, y todas las veces lo subieron a un auto y lo llevaron al hospital”, recordó otro chico, de 17 años.

“Si sabés que te vas a poner en pedo no volvés a tu casa. Si decís, ‘hoy me la doy en la pera’, voy a lo de un amigo a dormir”, remató un adolescente del mismo grupo, de 16 años.

“No tienen ningún control”

Julio Fernández es médico generalista y jefe del servicio de Emergencias del hospital Francisco López Lima de Roca. Los registros del área que conduce indican que si le toca estar de guardia durante el fin de semana recibirá al menos unos 20 jóvenes alcoholizados. “Si es fin de semana largo llegamos a los 30 intoxicados”, apuntó.

“Los viernes y sábados es tremendo. Los traen amigos o nos llaman porque hay un chico inconsciente en una fiesta y vamos a buscarlo. Es un problema grave, son chicos muy chicos. Tienen la mayoría 14, 15 y 16 años”, explicó.

“Llegan bastante alcoholizados, vomitados, orinados. Ninguno en coma en lo que va del año, pero con mucha ingesta de alcohol”, indicó Fernández. Se les coloca un suero para hidratar, se realiza control de los signos vitales y luego de dos o tres horas en observación se van de alta. “Se ven reincidencias, personas que vuelven a pasar por un episodio más de una vez. Abusos pocos, pero maltrato bastante”.

Una droga legal

El alcohol es una sustancia psicoactiva. Tiene efectos sobre el sistema nervioso central y la capacidad de cambiar la percepción, el estado de ánimo y/o el comportamiento.

Ingerir más de cinco unidades de bebidas alcohólicas en un período corto de horas fue denominado por el Ministerio de Salud de Nación como Consumo Episódico Excesivo de Alcohol (CEEA).

“El consumo de alcohol comienza a los 13 años. Eso es adolescencia temprana, cuando recién está despegando de su niñez, no tienen pensamientos lógicos. La etapa de mayor consumo es entre los 14 y 15 años. A esa edad los chicos dicen, ‘a mi no me va a pasar nada’, ‘si hasta ahora no me paso, no me va a pasar’. No hay medición del riesgo. Es la etapa en que los padres dicen ‘ya está grande’ y les empiezan a dar responsabilidades”, explicó Emilio Pevsner, médico especialista en adolescencia.

“El consumo de alcohol está naturalizado y eso es un problema. Lo primero que hay que hacer es desnaturalizar el consumo en la casa”, remarcó e insistió en que “cuanto más temprano es el inicio del consumo de alcohol, más son las posibilidades que tiene de tener problemas relacionados a futuro, como la adicción alcohol”.

Tolerancia cero

La Sociedad Argentina de Pediatría recomienda el no consumo de alcohol hasta los 18 años. “El hígado no tiene la maduración completa para esos niveles de alcohol y el desarrollo neuronal tampoco”, señaló Lorena Jorge, jefa de Pediatría del Hospital y especialista en adolescencia.

“Hay que fomentar la prevención desde que son chiquitos, no empezar a los 13 años.Como se les enseña Educación Sexual acorde a la edad en la niñez, hay que hablar del consumo de alcohol”, consideró.

Para la pediatra incluso no se debe tener en cuenta sólo el efecto que genera el atracón con alcohol, sino todo lo que se asocia al consumo. “Hay chicos que pierden la conciencia, no saben qué hicieron, que les pasó... y eso conlleva mucho riesgo con su sexualidad, al momento de conducir o incluso lesiones entre ellos”.

Menos alcohol, menos mortalidad

Los índices nacionales determinan que los principales factores de mortalidad en adolescentes se relacionan con el consumo de bebidas alcohólicas.

“Se mueren por accidentes de tránsito, situaciones de violencia y suicidios. Todas están relacionadas con el consumo de sustancia, y la principal sustancia que se consume es el alcohol”, indicó Pevsner.

“En una regla de tres, si disminuís el consumo de alcohol, disminuís la mortalidad”, remarcó.

En Argentina

70% de los alumnos de nivel medio han tomado alguna vez en la vida, según la Sociedad Argentina de Pediatría.
57,8% es decir, seis de cada diez mayores de 15 años, lo han hecho en el último mes, según el relevamiento.

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