Una cooperativa textil de mujeres que quiere resurgir

“ChiTra”. Así se llama la cooperativa textil de barrio Nuevo y significa “Chicas Trabajando”. Está integrada por cuatro personas: Hilda Varela, Josefina Linconao, Estelita Sepúlveda y Lorena López.

Surgió luego de la crisis del 2001 con ayuda de la señora Nélida Rajneri, quien asesoró y acompañó a unas 20 mujeres para que se organizaran, se capacitaran y echaran a andar la organización que actualmente cuenta con personería jurídica.

“En el 2002 recibíamos capacitación y éramos contenidas por un grupo de asistentes sociales y psicólogos sociales del ADECS (Asociación por el Desarrollo Cívico y Social). La señora Nélida nos conseguía retazos de tela para coser, más dos máquinas que fuimos pagando con trabajo. Entramos al Plan Jefes de Hogar y fuimos entrenadas como talleristas industriales”, recordaron.

Actualmente el taller está en calle 3 de febrero al 4.025. De las paredes cuelgan reglas, moldes y en las perchas existen muestras bien cuidadas de lo que ofrecen: guardapolvos, ponchitos, vestidos de novia y camperas, que no tienen nada que envidiar a las prendas de primera calidad que se venden en comercios de la ciudad.

Josefina, recuerda que el primer trabajo que realizaron fue la confección de 600 camperas destinadas a los canillitas del diario Río Negro. “Llegamos a tener dos turnos de trabajo, porque eran tantas las prendas que teníamos que hacer que no dábamos abasto”, añora.

Con el tiempo varias integrantes, que aprendieron el oficio, se desvincularon de la cooperativa e iniciaron sus propios emprendimientos, pero Josefina nunca quiso que se perdiera el espíritu de organización.

“Es difícil realizar un trabajo cooperativo, porque hay que compartir las ganancias y se debe pagar a un contador para tener los balances al día y no todas están dispuestas. Estuvimos a punto de disolverla, pero queremos seguir apostando a lo cooperativo”, asegura.

A esto se suma que los tiempos no son buenos para mantener un emprendimiento textil. La competencia desigual, las prendas importadas y los altos costos hacen difícil obtener grandes ganancias.

Sin embargo, el grupo sigue adelante con cuatro máquinas con las que han realizado trabajos para grupos de egresados, escuelas, clubes de fútbol, galpones de empaque o Jardines de Infantes o Murgas, que piden con motivos especiales.

Durante el año pasado se confeccionaron más de 600 prendas para colegios como la 357, 128, CENS 22 y 200 remeras para el Foro de la Tierra, realizado a fines del año pasado.

“No es fácil, pero tampoco imposible. Al principio creíamos que nosotras no íbamos a poder, pero sí pudimos. Hoy confeccionar un guardapolvo en menos de una hora”, afirman las mujeres que no bajan los brazos.

“Al principio creíamos que nosotras no íbamos a poder, pero ya llevamos 15 años como cooperativa. Josefina Linconao, miembro de la Cooperativa “Chitra”

“Aprendimos a trabajar con telas de buena calidad, eso vale más pero la gente lo valora y nos hace encargos” Hilda Varela, miembro de la Cooperativa “Chitra”

  • 600 camperas para canillitas del diario “Río Negro”. Ese fue el primer trabajo de las “Chicas trabajando”.

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