Análisis: un alivio y varios compromisos por cumplir

El triunfo de ayer del Frente para la Victoria ofrece un bálsamo para el sorismo después de la derrota provincial del 7 de abril. Buenos reflejos y una correcta lectura del mensaje que dejaron aquellas urnas permitieron llegar al resultado de la víspera.

Un triunfo que garantiza otros cuatro años de poder local y que también evita que se apague por completo la llama que alimenta el proyecto provincial de este sector del PJ.

Ahora bien, el brusco giro discursivo que hizo María Emilia Soria en la campaña con respecto al estilo que imprimió su hermano Martín a la gestión y a su propia carrera electoral de abril ubica al nuevo gobierno roquense ante un complejo escenario.

La diputada nacional prometió un nivel de diálogo, de apertura, de descentralización de la gestión que si llega a hacerse realidad, el contraste con lo visto durante los ocho años será notable.

La inauguración de una etapa de bajos decibeles sería incluso un cambio de marcha para la propia parlamentaria, que desde hace seis años mantiene un perfil enérgico y combativo ante la oposición provincial y nacional.

No cumplir con esos compromisos consumiría rápidamente el crédito que logró ayer con el voto mayoritario de los roquenses. Pero no sólo el FpV emerge de las urnas con pruebas para ofrecer.

El gobierno provincial tiene la misma obligación de insistir en un cambio de relación con el gobierno roquense, dejando atrás más de una década de frustraciones colectivas por culpa de disputas partidarias y personales.

La falta de viviendas, la ausencia de un proyecto definitivo para tener una Ruta 22 segura y sustentable, la imposibilidad de reactivar el aeropuerto, la parálisis del Parque Industrial II son suficientes razones para inaugurar una nueva etapa de sinergia.

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