Daños colaterales no contemplados

En terminología bélica, los daños colaterales son aquellos que se causan entre civiles pero que no son evitables cuando se fija un objetivo. Ese fue el concepto sobre todo a partir de la guerra del Golfo Pérsico.

Y aunque no se trata de una guerra ni mucho menos, en el caso que nos toca de cerca también podemos hablar de daños colaterales. Son los que se producen cuando una obra de envergadura afecta la vida cotidiana de la gente, que nada tiene que ver con el objetivo trazado en este caso por el gobierno provincial.

Eso fue lo que sufrieron los comercios, vecinos y ciudadanos comunes con dos obras importantes que se hicieron en Roca. Fueron grandes remociones de tierra y excavaciones que apuntaron a mejorar el servicio colapsado en la ciudad, pero que mientras se hicieron, durante meses provocaron daños económicos importantes que nadie reconoce.

Las de la calle Jujuy duraron seis meses y aunque está muy avanzada, hay una extensión de obra que podría demorar un mes mas. Las de calle 9 de julio fueron eternas e interminables y durante meses nadie pasó por los comercios ubicados ahí. Algunos tenían algo de espalda para soportar, otros estuvieron a punto de cerrar y los peores se endeudaron y perdieron buena parte de la clientela.

Y está claro que las obras hay que hacerlas. Que Roca no soporta más la situación cloacal en algunos sectores y que si esas mejoras no se llevan adelante, el colapso seguirá presente cada día. Es decir, o se hacen obras o se convive con todo lo que implica un desborde cloacal. No hay dudas, todos elegiremos las obras de mejora.

Al mismo tiempo, no es descabellado pensar en auxiliar a los afectados colateralmente por esas tareas. Básicamente los comerciantes que aunque las calles estaban cortadas, que aunque sus veredas estaban repletas de escombros, tuvieron que seguir pagando alquileres, servicios e impuestos. Y aquí es donde el estado debería pensar un mecanismo para ayudarlos.

Por ejemplo, no pagando esos tributos y tasas que siguieron llegando en cada vencimiento como si su situación hubiera sido normal. No es exagerado pedir que se los exima de abonarlos por un tiempo o que se posterguen vencimientos hasta que recuperen su capacidad de pago.

No es responsabilidad de comerciantes ni de vecinos que las cloacas estallen por falta de inversiones durante décadas, ni mucho menos que las obras para mejorar su situación demoren seis meses o más.

Para estas obras y para las que vengan será necesario tener en cuenta a los vecinos silenciosos que trabajan día a día y que enfrentan sus propias dificultades, a las que se suman las que generan las obras inevitables para mejorar la calidad de vida.

Es decir, esto es un daño colateral por donde se lo mire y en toda planificación hay que contemplar a los que resultan afectados.

No es exagerado pedir que se exima a algunos comerciantes de abonar tasas e impuestos por un tiempo.

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