Editorial: alguien no cuenta todo lo que sabe

Dos idiomas distintos hablan el Municipio y la Provincia. Para articular una acción entre los dos gobiernos hay que ser bilingüe, aunque ese no es el único obstáculo. Mucho peor se torna el asunto cuando alguna de las partes no dice todo lo que sabe.

Los desbordes cloacales tuvieron esta semana un pico de reclamos públicos. Vecinos hicieron conocer en los medios los derrames en Chula Vista y Tres de Febrero, en la zona de Bolivia casi Buenos Aires, en el barrio Los Olmos y en la rotonda de la Fadecs.

El Concejo Deliberante emitió comunicados en paralelo, poniendo a la vista los reclamos de familias del barrio Quintu Panal.

Ante esa multiplicidad de quejas, ARSA salió a explicar que está trabajando desde el fin de semana pasado en una campaña de limpieza y desobstrucción de las principales cañerías de Roca. No dijeron mucho más.

Como tampoco dicen nada desde hace tiempo en el DPA, ente regulador y que debe proyectar las grandes inversiones para la ciudad.

Y no es que padezcan la falta de herramientas de comunicación. El problema no está en los equipos de prensa sino más arriba, donde se toman (o no) las decisiones de fondo que podrían impactar positivamente en la vida de miles de roquenses.

Por agua o por cloacas, el suelo roquense es un colador por el que emergen miles de litros de líquidos todos los días.

Por derroche o por contaminación, en la ciudad se perjudican valiosos recursos naturales durante las 24 horas.

Y esas recurrentes fallas derivaron en una peligrosa naturalización del escenario, que es aprovechada por los funcionarios provinciales para eludir su responsabilidad de rendir cuentas por sus acciones u omisiones.

La evidente intención del municipio de exaltar cada pérdida por un caño roto para erosionar la imagen del gobierno provincial no puede ser el salvoconducto permanente para los responsables de ARSA y del DPA.

El problema de esos servicios esenciales es real y el tiempo de las excusas está agotado desde hace tiempo.

La Provincia no puede seguir en silencio, sin explicar qué pasó con el Plan Director de Agua y Cloacas que se anunció en diciembre del 2016, con una audiencia pública en agosto del año pasado en la que se prometieron soluciones a largo plazo para decenas de familias.

¿Nadie tiene ningún argumento para aportar claridad en una ciudad que parece estar apoyada frágilmente sobre sus antiguos caños de cloacas? ¿Por qué aparecen tantos desbordes simultáneos en diferentes puntos de la ciudad? ¿Por qué sigue oculto lo qué pasa debajo de nuestras calles?

Establecer canales de diálogo sería valioso para este presente, pero también preventivo hacia el futuro.

Ahorraría una pregunta recurrente en las jornadas poselectorales, cuando muchos intentan saber por qué los vecinos no les depositan su confianza.

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