Editorial: boleto, balance, idilios y aprendizajes

Nunca fueron tan deseados los datos alentadores del Balance como en este 2018 preelectoral.

La presentación de un superávit de 38 millones en el Ejercicio 2017 acomodó la marcha pública del gobierno municipal, después de una semana difícil por las reacciones contra el aumento en las tarifas del transporte público.

Error de cálculo ante una comunidad sensibilizada por otros aumentos. Fallas en la comunicación. Exceso de confianza sobre el acompañamiento de los vecinos al rumbo fijado hace 15 años. Esas y otras explicaciones surgieron puertas adentro del municipio desde que el martes 27 un parte oficial informó claramente lo que ocurriría desde el primer minuto del día siguiente.

Porque podrán haber alegado dos días despúes que en el parte de prensa “se dio a conocer el importe final de dicho incremento”. Podrán haberse enojado con los medios por la presentación pública y los análisis sobre el impacto de la medida. Podrán descalificar a los dirigentes de la oposición que corrieron por derecha y por izquierda al gobierno. Pero difícilmente los usuarios, los periodistas y hasta la propia empresa 18 de Mayo hayan entendido erróneamente en simultáneo la decisión del gobierno.

Como le dijo el intendente Soria a los técnicos de Vialidad en la recordada reunión por la Ruta 22, “píntenla de verde, pónganle lechuga… sigue siendo una muralla”, en este caso ocurrió lo mismo. Maquillado, desdoblado, con precio final más barato que en Neuquén… sigue siendo un aumento del 32%, que hará crecer el boleto de colectivos más que la inflación y que la mayoría de los sueldos en la ciudad.

En su defensa pública, Soria también se quejó porque en la misma semana el gobierno de Bariloche llevó el boleto urbano a $ 19 y el intendente Gustavo Gennuso no tuvo el mismo trato hostil que sintió él.

Omitió contarle al público en su mensaje que en la ciudad cordillerana el boleto costaba antes $ 16,44 y que para llegar a los $ 19 se aplicó un 15,5% de aumento. Menos de la mitad del 32% autorizado inicialmente y 0,5 puntos por debajo de la cifra aplicada en Roca después de la “aclaración”.

Lo que no puede desconocerse es que el oficialismo local tiene un margen de maniobra mucho mayor a otros gobiernos para salir rápido de estos conflictos.

Esta vez fue el Balance superavitario, pero el menú de datos positivos es amplio y alivia la tarea de disimular los pasos en falso.

De todas maneras, la experiencia seguramente dejó varios aprendizajes al gobierno.
Primero, un intendente que quiere ser gobernador paga doble los errores.

Segundo, la oposición envió señales y dejó en claro que la campaña local para el 2019 ya empezó.

Y tercero, no hay idilio que dure cien años. La realidad económica puede más que la chapa de buen administrador y ese acompañamiento que surge del alto nivel de pago de tasas no significa que todos aceptarán en silencio una intromisión en sus bolsillos.

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