Editorial: Convicciones y elecciones

La realidad modificó las convicciones de la gestión municipal, que hace poco más de dos años rechazaba cualquier posibilidad de reconocimiento para los protagonistas de la feria de la calle Maipú y ahora legitima con obras ese espacio de venta informal.

Ya en la campaña electoral de marzo y abril se advirtió el viraje del gobierno, con sus principales referentes recorriendo los puestos y los técnicos de Obras Públicas proyectando la construcción de veredas para mejorar la organización interna.

Para ser preciso hay que decir que fueron dos realidades las que hicieron cambiar las cosas.

Una tiene origen ajeno al municipio y tiene que ver con la crisis económica y social, que empuja a decenas de familias roquenses a la compra y venta de productos de todo tipo para reunir un mínimo de recursos que permitan subsistir.

Difícil tapar el sol con las manos e imposible mirar para otro lado cuando cientos de roquenses se reúnen cada sábado y domingo en el bulevar de la calle Maipú ni más ni menos que para escapar aunque sea por una semana a la pobreza.

Pero también es difícil ocultar que -más allá del argumento vinculado a la situación social- la feria sigue siendo un conglomerado con límites difusos entre la legalidad y la ilegalidad. Y el Estado enfrenta contradicciones si reconoce y promueve el desarrollo de esos sistemas.

Se debilita la autoridad del municipio ante los comerciantes y empresarios de la ciudad que transitan el camino formal si la competencia desleal se consolida y mantiene en el tiempo.

El punto intermedio llegará sólo si existe diálogo entre varios actores y en esa lista no sólo hay que convocar a los protagonistas directos de cada sector comercial, sino también a otros representantes del Estado.

El municipio y al menos la Provincia deberían coordinar un esquema de controles, para evitar que la feria pierda su sentido -delimitado claramente por la Ordenanza 4828/2017- y se transforme en un mercado negro de productos que poco tienen que ver con un microemprendimiento social. Y ahí está la otra realidad que se impuso para el municipio.

Ver nota relacionada: La feria de calle Maipú ya tiene 11 años y más de 500 puestos

La derrota en las elecciones provinciales clausuró -o al menos puso en pausa- el estilo rígido y verticalista para la toma de decisiones y desde el 8 de abril transitamos la etapa “amable” del oficialismo roquense.

La pobreza tal vez no era tan profunda hace un año, pero ya golpeaba fuerte y las necesidades de las familias que se instalan desde hace meses en la feria eran muy similares a las actuales.

Si en el 2017 la respuesta para esos feriantes era una fría nota desde la Secretaría de Gobierno en la que se rechazaban pedidos de mejoras y ahora se los visita, se los escucha y les llevan infraestructura es también porque ese conjunto de vecinos representa un porcentaje nada desdeñable de electores.

  • El municipio y Provincia deberían coordinar un esquema para evitar que la feria de la calle Maipú pierda su sentido.

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