Editorial: desagravio a la audiencia pública

La audiencia pública por el Presupuesto municipal merece un desagravio.

Durante los últimos 15 años y con aportes voluntarios e involuntarios (muchos más los primeros), su imagen quedó asociada a la de un arma, cuando se trata en realidad de una herramienta que bien entendida, puede aportar mucho al desarrollo de una ciudad.

Los sucesivos gobiernos locales otorgaron una connotación negativa a esta obligatoria instancia previa al debate en el recinto del Concejo.

Las últimas gestiones no vieron en el artículo 71 de la Carta Orgánica un instrumento de participación sino una puerta abierta a las intromisiones de personas que no forman parte del equipo de gobierno. Y tanto los gobiernos de Carlos Soria como los de su hijo no se caracterizaron por la construcción de puentes hacia otros actores de la comunidad, reconociendo como fuentes de iniciativas positivas a quienes no militan por la causa.

De esta manera, se consolidó la idea de que aquellos osados que se anotaran como oradores en la audiencia aparecerían de inmediato en la vereda opuesta al oficialismo.

Y esa falta de interés en “comprar” un problema o la certeza de que la mayoría automática del FpV jamás se animará a mover una coma del proyecto que les envía su jefe político es la que termina haciendo desistir a la mayoría de los eventuales participantes.

Porque ni el más convencido de que el sorismo es lo mejor que le pudo pasar a Roca podría pensar racionalmente que en una ciudad de 100.000 habitantes hay apenas una, dos o diez personas que tienen algo para decirle a su intendente sobre el destino de los recursos del municipio.

El problema es que los concejales nunca se interesaron por mostrar a la audiencia pública como una oportunidad de escuchar aportes de vecinos que tienen las mismas ganas que ellos de que la ciudad progrese.

Obviamente que en ese camino pueden aparecer quienes cuestionen decisiones del gobierno, pero si la audiencia es entendida y desarrollada como un ámbito de respeto y de críticas constructivas, el eventual interés por atacar a la gestión con un fin político partidario rápidamente quedaría fuera de foco.

Ahora bien, para poder crear ese clima previamente hay que estar convencido de que los mejores resultados surjen del respeto mutuo y no de una relación asimétrica, donde la mayoría se lleva por delante o anula a las minorías. También de entender que las capacidades propias son limitadas y que buscar soluciones fuera del círculo chico no es una señal de debilidad.

¿Es capaz el oficialismo roquense de generar ese espacio abierto, apostando a sumar buenas ideas provenientes de vecinos que no son “del palo”?

Hasta el momento la postura fue conservadora y con rasgos de autosuficiencia. Pero, quien dice, alguna vez las cosas cambien.

La audiencia pública será el miércoles 7 de noviembre a las 20, en el recinto de Avenida Roca y Villegas. Ojalá sea herramienta y que nos sirva a todos.

  • Durante los últimos 15 años su imagen quedó asociada a la de un arma, cuando se trata de una herramienta.

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