Editorial: El boomerang de la Fiesta de la Manzana

La denuncia por administración fraudulenta y fraude en perjuicio de la Administración Pública presentada esta semana contra el intendente Martín Soria, la secretaria de Hacienda, Mariana Soler y el productor Juan Cruz Baccon pegó fuerte en el municipio.

Tal vez no haya sido una sorpresa. Con la campaña electoral en marcha, el oficialismo local seguramente esperaba una acusación relacionada con la Fiesta de la Manzana. Es más, probablemente espere nuevas acciones penales para los próximos días, cuando la carrera hacia las urnas del 7 de abril se desate por completo.

Pero esa previsibilidad no exime del impacto a los funcionarios locales. Y allí entran en juego los perfiles y la historia personal de cada protagonista de la historia.

Soria está acostumbrado a dirimir sus disputas en Tribunales. Pero no todos sus funcionarios tienen el “cuero curtido” en esas lides y por eso rápidamente trascendió que las consencuencias de la denuncia no sólo fueron judiciales, políticas y mediáticas, sino que también hubo fisuras anímicas alrededor del mandatario.

El intendente movió rápido y se presentó en Tribunales un día después de la apertura de la causa. Llevó documentación, resoluciones del Tribunal de Cuentas e informes de la Secretaría de Hacienda. Y se mantuvo a raya en las declaraciones sobre el denunciante, cumpliendo con el consejo de los que le advirtieron que pierde más de lo que gana cuando libera palabras en caliente.

Todo muy medido. Pero la pregunta es cuánto podrá mantener esa postura, con una causa que seguramente seguirá generando novedades, a partir del camino que tome el Ministerio Público Fiscal en las próximas horas.

Y allí aparece otro problema para la gestión local, porque no sólo tiene que defenderse ante la Justicia, sino que tiene que remontar una carrera en la que empieza desde abajo, por una imagen generada por el propio gobierno.

El intendente y sus funcionarios pueden hablar y llevar a la Justicia decenas de papeles, pero lo concreto es que los roquenses jamás conocieron un detalle sobre el destino de todos y cada uno de los pesos movidos alrededor de la Fiesta de la Manzana.

Entonces, esa persistente actitud de evitar la exposición completa del balance del evento -en conferencia de prensa y contando no sólo sobre la inversión municipal sino también sobre los aportes privados- terminó transformándose en un boomerang para el gobierno.

La estrategia ahora impone una defensa técnica/jurídica, pero también la reconstrucción de una imagen pública que ya venía desdibujada en ese aspecto, por tantos años de números guardados bajo siete llaves.

Lo llamativo es que pocas acciones de gobierno podrían encontrar más legitimidad que la Fiesta de la Manzana para la inversión realizada.

Masiva, llevando el nombre y la imagen de Roca al mundo, derramando ingresos en la gastronomía, la hotelería y el comercio local… ¿no son argumentos de peso para defender por qué se destina tanto dinero público?

Evidentemente no. Alguna razón que la mayoría desconoce llevó al gobierno a este presente, con más de un frente abierto y preocupaciones que en la agenda de un candidato a gobernador seguramente pesan más que lo normal.

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