Editorial: Elecciones, el riesgo de ser banca siempre

Doce años. Siete elecciones encabezando o jugando a pleno por una lista. Un triunfo tras otro y una imagen positiva que no paró de crecer en las encuestas. Y en apenas tres meses, el desmoronamiento.
La vida política de Martín Soria empezó en el 2007 y fue vertiginosa.

Tanta velocidad probablemente le haya impedido advertir que por primera vez no era banca y que la imposibilidad de establecer las reglas del juego imponían una mayor planificación a la hora de construir el mensaje hacia el electorado.

Lo que ocurre en la gestión municipal, donde hace años la gran apuesta es el asfalto y el cordón cuneta, tuvo su reflejo en la campaña para las elecciones del domingo pasado.

La exaltación del coraje, el perfil recio, las sucesivas promesas de meter presos a funcionarios y jueces pueden haber funcionado en el 2011 a Carlos Soria.

Las urnas dejaron claro que el 2019 demandaba otras palabras, otro camino para llegar a esa loable intención que declama el intendente por combatir la corrupción en el Estado y tomar decisiones firmes en defensa de sus vecinos.

¿Podrá Soria convertirse en ese candidado más empático que prefiere la mayoría de los rionegrinos?

La carrera empieza desde bien atrás, teniendo en cuenta que difícilmente enfrente un escenario más propicio, con un gobernador desafiando a la propia Constitución provincial y haciendo un uso desmedido del Estado para favorecer a los candidatos de su partido.

Soria eligió no enfrentar directamente al gobernador y sus prácticas, sino al presidente de la Nación. Una batalla fuera de foco para el aquí y ahora que esperaba el 65% del electorado.

“Leyó muy mal el escenario o le mintieron mucho con las encuestas, porque si se advertía la derrota hubiese sido mejor enfrentar a Weretilneck. Ahora son ocho años con gobernadora”, se le escuchó decir a un asesor del FpV esta semana.

La otra incógnita es desde dónde arrancar esa tarea de reconstrucción. Obviamente, su principal capital es el gobierno de Roca y de ahí la relevancia de la estrategia que despliegue para los comicios municipales.

Los resultados del domingo ratificaron la confianza mayoritaria, pero encendieron varias luces de alarma, porque el porcentaje de adhesiones se redujo con respecto a comicios anteriores.

Y dentro de ese escenario, hay datos para tener en cuenta. No es llamativo que el sorismo haya perdido en el centro o en el circuito de los barrios privados.

Lo singular es que el techo en los barrios haya sido del 66,3%, es decir 15 puntos menos que las elecciones del 2015.

Presentarse con la misma receta que en los últimos 12 años ante esos vecinos podría aumentar el nivel de riesgos para el oficialismo local.

Lo saludable es que los roqueneses están elevando la vara electoral y ojalá estemos en camino a una campaña donde las propuestas le ganen a las imposturas.

  • ¿Podrá Soria convertirse en ese candidato más empático que prefiere la mayoría de los rionegrinos? La carrera larga desde atrás.

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