Editorial: la deuda ambiental

El manual del buen candidato tiene como capítulo ineludible las promesas para las futuras generaciones.

“No hay una inversión más importante que la hecha en la niñez”, se escucha desde el ámbito provincial.  “El tesoro más grande que podemos dejarle a nuestros chiquitos, que son el futuro de la ciudad son estas obras y tantas otras”, dicen desde la municipalidad.

Y nada mejor que hablar del medio ambiente para entrar el radar de los jóvenes, que manejan una agenda de temas bien diferente a la de un dirigente con más de 40 años.

En Roca la política está en deuda con esos niños, niñas y adolescentes que esperan una ciudad menos contaminada.

Entretiene más el juego de denuncias -públicas y judiciales- que el desafío de sumar fuerzas para que el presupuesto nacional cuente de una vez por todas con los fondos necesarios para solucionar los problemas de fondo que tiene la red de cloacas de la ciudad.

Deberían tenerlo claro desde hace tiempo, pero si alguna prueba faltaba para entender que los vecinos están cansados de la pelea Soria-Weretilneck, este mediodía llegará un mensaje desde el oeste.

Las familias del barrio Alta Barda no quieren más el incesante cruce de reproches sobre las responsabilidades por los desbordes. Tienen las calles inundadas, no pueden salir de sus casas… ¿nadie puede darse cuenta de lo que es prioritario para ellos?

Aparentemente no. Por eso decidieron llevar su bronca este viernes a las puertas de la empresa ARSA y del municipio, que ya recibieron sus pedidos hace tiempo pero hasta el momento siempre deslindaron la responsabilidad de solucionar la crisis.

El Plan Director de Cloacas para Roca se anunció a fines del 2016 y la ciudad ya resignó el 2017 y el 2018, porque Nación no incluyó en su presupuesto las partidas necesarias, estimadas inicialmente en unos 500 millones de pesos.

Todo indica que el 2019 también será un año perdido, una realidad que duele más cuando se sabe -como se informó esta semana- que Cipolletti sí consiguió los fondos para el mismo proyecto.

Por si alguien no tiene el dato, Cipolletti también está administrada por un intendente que no milita en el partido político del gobernador.

Es cierto que Roca aparece relegada en la distribución de obras del Plan Castello y desde ese punto arrancan quienes advierten que la ciudad es discriminada por el gobierno provincial.

Pero también es una realidad que aislarse ante cualquier iniciativa que no empiece y termine dentro del municipio no generó los mejores resultados para muchos roquenses.

Si entienden la política como un ejercicio permanente de destrucción del opositor, que la pelea sea por “el cartel” de una obra hecha.

Como están las cosas ahora, la disputa permanente es por definir quién tiene más culpas por lo que no se hizo o consiguió. Una escena patética y ante la cual los vecinos demuestran cada vez menos tolerancia.

  • Las familias del barrio Alta Barda no quieren más el incesante cruce de reproches por los desbordes.

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