Editorial: los límites de la legitimidad

No está bueno el origen, pero enhorabuena el debate de ideas dentro de las universidades.

Nadie duda que mejor sería tener que confrontar propuestas para potenciar el crecimiento, en vez de poner bajo la lupa los presupuestos para concluir si el 2019 será “malo” o “muy malo” para el ámbito académico de Roca y de la región.

Pero tener esta sensación de una universidad viva es, en alguna medida, una señal de esperanza, sobre todo para el caso de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UNCo, que atravesó el 2017 sumida en la parálisis derivada de la toma del decanato y la salida anticipada de sus autoridades.

Las comunidades integradas por estudiantes, docentes y no docentes están activas, atentas, movilizadas y conectadas entre sí, con un interesante debate abierto sobre los fondos que deberían llegar desde Nación y el uso de los recursos durante los últimos años.

En el ámbito provincial también hay movida. El Instituto Universitario Patagónico de las Artes transita un camino lógico en su fase de crecimiento. Los alumnos ya no son 500, sino 4.500; las clases ya no se dictan sólo en Roca sino en varias ciudades y la planta de personal ronda los 500 trabajadores. Y entre estos últimos, hay quienes temen que el proceso de normalización ponga en riesgo sus puestos, cuando se abran los correspondientes concursos para oficializar cada cargo.

Hasta ahí todo dentro de parámetros esperables de tensión, con cruces de opiniones, de datos y de reproches por lo que se hizo o se dejó de hacer para que todo marche bien.

Lo preocupante es que adosados a los legítimos intereses por defender presupuestos y puestos laborales, durante las últimas horas aparecieron señales desde sectores ajenos a la vida universitaria.

Y de esta manera, la originalidad lograda con la interpretación de música clásica en el centro o con la viralización de un tema musical creado para exponer la falta de respuestas quedó empañada por episodios violentos y actos de amedrentamiento propios de lo peor de la política.

La intimidación en la calle a la hija de la máxima autoridad del IUPA, Gerardo Blanes, y el escrache en el lugar donde el directivo desarrolla su profesión médica no parecen muestras de un simple intento de debatir la estabilidad laboral de los docentes.

Sumado a ello, otro episodio singular merece atención. Desde el entorno del rectorado advirtieron que la madre de Blanes y sus vecinos recibieron los planfletos críticos dentro de las boletas de tasas municipales.

¿El gobierno local también juega en el conflicto interno del IUPA? Si no es así, como quieren creer en la universidad provincial, bien vendrá una revisión sobre el mecanismo de distribución de esa documentación oficial, porque uno o varios empleados municipales están pasando por alto todos los controles, para aumentar la temperatura en una de las instituciones más prestigiosas de la ciudad.

  • Hechos ajenos a la vida universitaria empañan los reclamos por prespuesto y estabilidad laboral.

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