Editorial: Ruta 22, disputa con efecto placebo

Tres años se cumplirán la próxima semana desde que la Justicia ordenó paralizar las obras de ampliación de la Ruta 22 en el tramo que atraviesa Roca.

Un amparo del municipio marcó el inicio de una disputa que hoy se encuentra bajo el efecto placebo generado por los semáforos en los accesos, pero que lejos está de su clausura.

Vialidad Nacional se escuda en la vigencia de ese expediente judicial para explicar por qué no mueve un dedo en pos de superar las diferencias políticas y rediseñar el proyecto ejecutivo de la autopista.

“La obra se encuentra detenida hasta tanto la Justicia resuelva. Mientras tanto dure el proceso no se tomará ningún tipo de decisión técnica con respecto a la obra. No obstante, tras el cambio de gestión de Vialidad Nacional, la ingeniera Patricia Gutiérrez evaluará todas las opciones”, respondieron oficialmente desde el organismo nacional semanas atrás ante una consulta periodística.

Una argumentación con sabor a excusa, porque la medida cautelar del Juzgado Federal -ratificada en febrero del 2017 por la Cámara Federal- dispuso el freno a las obras hasta que se realizara la audiencia pública.

Esa instancia se concretó el 31 de agosto de ese mismo año y desde entonces la causa duerme en los tribunales, pero no por la pereza judicial sino porque simplemente ese poder ya no tiene mucho más para decir.

Las respuestas que faltan las tiene la política. Y la economía, claro, que este año se conjugó con la incapacidad de los funcionarios nacionales, provinciales y municipales para forjar un diálogo maduro, dejando a la Sección 3 de la Ruta 22 en el listado de obras postergadas y sin fecha de reactivación.

Lo singular de este fin de año es que encuentra al gobernador, Alberto Weretilneck y al intendente, Martín Soria, bajo el mismo cielo a la hora de evaluar la gestión de Vialidad Nacional.

El pensamiento del jefe comunal es público desde hace tiempo y tuvo su mayor visibilidad cuando se cansó de enviar notas pidiendo medidas de seguridad para los accesos y finalmente decidió instalar los semáforos.

El mandatario provincial mide un poco más sus expresiones públicas, pero también hace saber su opinión crítica sobre la capacidad de respuesta del equipo que comanda Gutiérrez, sucesora de Javier Iguacel.

Lo que no puede desdibujarse es la demanda ciudadana por un sistema vial seguro y sustentable.

Perder de vista que los semáforos forman parte de un sistema temporario, dejar de insistir en el pedido de un proyecto superador al presentado en la audiencia pública, relajar la presión que generaron las entidades intermedias, significaría allanar el camino de quienes tienen la responsabilidad de cuidar a los usuarios de la ruta.

Pocos tienen el dato presente, pero la nueva 22 para Roca y Cervantes fue contratada el 7 de noviembre del 2011 y las obras debían estar listas en 24 meses.

Más de siete años después, ya no hay margen para la resignación ante la desidia y los caprichos de la política.

  • La nueva 22 para Roca y Cervantes fue contratada en noviembre del 2011 y las obras debían estar en 24 meses.

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