Editorial: Ruta 22, lo urgente y lo importante

Ya es antigua la discusión por la legalidad de los semáforos en la Ruta 22. Fueron colocados, están en funcionamiento desde el miércoles y nada hace prever que, más allá de las formales intimaciones al municipio, Vialidad Nacional pida ante la Justicia que sean retirados.

Es tiempo de nuevos desafíos y en esta etapa las responsabilidades son más amplias.

Seguramente habrá correcciones o mejoras para implementar en el sistema, pero buena parte del éxito de la prevención de siniestros estará ligada a la conducta de los que lleguen al volante a la zona de los accesos.

Y en las primeras horas con este nuevo escenario ya aparecieron pruebas sobre la enorme falta de apego a las normas que prevalece en el tránsito.

La trampa, los “vivos”, los apurados de siempre que creen que dos o tres minutos de su tiempo valen más que las vidas que pueden perderse por una maniobra imprudente… todos ellos ya están a la vista.

El municipio y la Policía deberán actuar rápido y rígido ante aquellos que ya convirtieron las calles de acceso a los barrios cercanos a la ruta como atajo para evitar los semáforos. Si permiten que se haga costumbre el cruce desde la mano norte hacia la banquina sur a la altura del ingreso a Villa del Sol, en poco tiempo estaremos hablando de nuevas tragedias, pero a 200 metros de donde ocurrían antes.

Ahora bien, también debe quedar claro que estamos ante una medida que apenas atenúa los peligros en los accesos a la ciudad.

Los semáforos serán un placebo si en paralelo no se insiste en la necesaria convocatoria al diálogo entre autoridades nacionales, provinciales y municipales para definir un proyecto definitivo de ampliación de la Ruta 22, todo en el marco de un sistema vial regional sustentable y eficiente.

La falta de recursos en el Presupuesto 2019 para ejecutar todos los tramos del proyecto licitado hace ocho años no debería transformarse en tiempo muerto para la política.

La ruta sigue siendo un problema urgente y la región -principalmente los ciudadanos que a diario padecen las falencias del camino- debe presionar para que las autoridades salgan de la cómoda escena de silencio que protagonizan desde hace más de un año.

  • Los semáforos serán un placebo si en paralelo no se insiste en la convocatoria al diálogo entre autoridades.

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