Editorial: una campaña de baja intensidad

Últimos días para una campaña de baja intensidad. Roca definirá el próximo domingo sus próximas autoridades municipales, sumando un capítulo a una saga que tuvo su nudo el 7 de abril. Ya se sabe, segundas partes suelen no ser buenas.

Y en los últimos 45 días de la ciudad poco se ha visto de esa energía desplegada desde fines del año pasado hasta el cierre de la campaña provincial. Lo que puede variar dentro de ese clima “light” son las razones de cada protagonista.

El oficialismo local apostó todo al proyecto provincial y descubrió en lo que dura un escrutinio provisorio que el estilo impetuoso da resultado, siempre y cuando no llegue acompañado de altas dosis de autosuficiencia y soberbia.

El riesgo de perder mucho más que la gobernación -perderlo todo- impuso un rebaje brusco y las revoluciones del motor sorista bajaron hasta un nivel controlable. Una velocidad que permite “seguir en acción” pero dialogando con el que viaja al lado. Y mucho más necesario, pudiendo reconocer a los que se cruzan en el camino.

En la vereda “verde” los problemas son otros. Juntos también apostó todo al 7 de abril y después de ganar, costó encontrar dirigentes que quisieran ir por más en la ciudad.

El oficialismo provincial fue casi el último en resolver sus candidatos, después de un proceso de tanta incertidumbre que arrastró a propios y extraños, con el radicalismo por primera vez ausente en la oferta electoral.

Con una campaña corta y una lista cuyo punto débil es el nivel de conocimiento de los postulantes, lo que se esperaba era una fuerte presencia del gobernador Weretilneck en Roca.

No fue así. Teorías para explicarlo abundan. ¿Un mensaje implícito para la dirigencia local, para medir el peso real de cada uno cuando no van traccionados por el mandatario y su alta imagen positiva?

El resto de los candidatos -como hizo Mario Alvarez el lunes pasado en CAIC- aprovechan ese cancino ritmo entre los oficialismos para alentar una tercera vía.

Párrafo aparte, el debate organizado por la Cámara de Comercio fue un buen primer paso, que debería consolidarse con una ordenanza que lo convierta en obligatorio para todos los candidatos ante cada comicio municipal.

En definitiva, nada es disruptivo hasta el momento y difícilmente surja un escenario diferente esta semana, donde además habrá atención repartida por la definición de las candidaturas nacionales que deben presentarse un día antes que las elecciones roquenses.

De manera que la definición parece limitada a los conceptos de continuidad o cambio, después de 16 años soristas.

Bastante menos de lo que merece una ciudad con 100.000 habitantes, que se jacta -con legítimos argumentos- de ser un faro de desarrollo en el norte de la Patagonia.

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