Ruta 22: Más ancha ¿garantiza menos accidentes?

Por José María Ruiz Díaz*

Es indudable que en el 2017 hemos sido testigos del gran numero de siniestros viales que ocurrieron en la Ruta Nacional 22.

Pero también es notable el facilismo con el que como sociedad, aquí en Roca y en el Alto Valle, se determina una responsabilidad para estos hechos, en forma casi exclusiva, al mal mantenimiento o al estado de la ruta en general.

Ahora bien, del análisis técnico accidentológico detenido, sobre todos los episodios ocurridos en el año que acaba de terminar, se han obtenidos indicadores claros sobre la plena y absoluta responsabilidad, actuando el mal accionar de los conductores como agente desencadenante en los mismos.

Si aplicamos una mirada crítica, es cierto que la vía está mal señalizada, que en los tramos en reparación no cuenta con elementos retroreflectivos ni lumínicos en forma adecuada como la ley lo establece, mucho menos con la debida antelación como para que los conductores sean conscientes de que existe un elemento riesgoso sobre la misma. Esto es indiscutible.

Pero lo que es importante destacar, es que de todos los accidentes que ocurrieron en la Ruta 22, en este año que pasó “2017”, en un 85 o 90 por ciento de los casos, su producción y desenlace, es atribuible a las “malas maniobras de conducción” por parte de los usuarios. Y este es un dato que no es frecuente que se halle sobre las mesas familiares y de café.

Un concepto clave

Para poder avanzar y salir de esta situación, es necesario trabajar sobre un concepto clave, que es el de “Márgenes de Seguridad”, idea que si bien no está muy desarrollada, sí es fácil de entender.

Si la ley nos permite circular en una ruta a 110 kilómetros por hora, pero en esa ruta las condiciones climáticas son adversas (hay lluvia o la calzada está mojada), evidentemente aunque la ley me permita llegar a ese límite de velocidad hay algo que yo tengo que modificar, porque mi conducta vial siempre tiene que ser acorde a las condiciones del entorno.

Si está lloviendo, no voy a circular a 110 kilómetros por hora sino a una velocidad tal que me permita conservar el pleno dominio de mi unidad, sumando eficiencia a las maniobras, ante los riesgos que aparecen en el entorno.

Es decir en todo momento del desplazamiento conservo los márgenes de seguridad en mi acción de conducción. “Margen de seguridad” es aquello que a mí me permita en todo momento tener el pleno dominio del agente riesgoso.

Y este principio es aplicable a múltiples condiciones, tanto climáticas, como vehiculares, de la vía y al factor humano en sí.

En el caso de la Ruta 22, es obvio que es una vía muy congestionada, con usuarios que en su gran mayoría “violentan” estos márgenes de seguridad, sumado a que en algunos tramos la vía está deformada o se encuentra mal señalizada. Entonces, es un combo que termina en lo que siempre estamos padeciendo.

Cómo mejorar

Los argentinos tenemos malos hábitos (conductas aprendidas y automatizadas) para conducir y la única forma de romperlos, es sustituirlos por buenos hábitos. Y esa tarea se logra a través de la educación.

Por eso se hace tanto hincapié en la educación vial, algo que lamentablemente constituye un pasivo, para muchos de los gobiernos locales y nacionales, que han transcurrido en nuestro país.

Muchos se preguntan si con la nueva conformación de la Ruta 22 se podrán evitar los siniestros viales.
Desde mi experiencia, lo que va a ocurrir es que se van a modificar algunas mecánicas de producción de esos hechos, como ser la invasión de carril y las colisiones frontales.

Pero al mismo tiempo veremos la aparición de otras como los auto vuelcos, las colisiones por alcance, los embestimientos laterales en algunos cruces complejos.

Todo ello si primeramente no trabajamos sobre nuestros malos hábitos de conducción, por cuanto estos son la génesis de la mayoría de hechos viales en nuestra región.

  • Es notable el facilismo con el que se determina una responsabilidad casi exclusiva al mal estado de la ruta.
  • En un 85 o 90 por ciento de los casos del 2017, su producción y desenlace, es atribuible a las “malas maniobras de conducción”.

*Licenciado en Ciencias Criminalísticas y Criminológicas, consultor forense y en políticas de seguridad, perito forense.

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