Un servicio público que pende de un hilo

El servicio de transporte público en las ciudades del interior de la Argentina, sobre todo las menos pobladas, pende de un hilo. El fin de los subsidios o su reducción terminó por desnudar una sería falta de rentabilidad a la hora de sacar los colectivos a la calle y poco a poco se van viendo los síntomas de una crisis profunda.

El transporte de pasajeros es deficitario. Sólo en las ciudades grandes termina siendo medianamente rentable. El contexto de país con salarios que no se mueven al ritmo inflacionario, pero con combustibles que subieron de un modo exagerado, repuestos inalcanzables e impuestos elevados, hicieron que las empresas empezaran por sacar frecuencias hasta llegar a incumplimientos salariales reiterados.

El escenario es complejo, muy complejo. No se resolverá si se envían los montos prometidos. Porque el problema es de fondo, no hay viabilidad con estos precios de cada componente que tienen empresas como 18 de Mayo en Roca. Y lo que es peor, si se pusieran al día y el servicio se normalizara, nada asegura que en un mes o dos se vuelva al mismo escenario. Ocurre que si no se resuelve la cuestión de fondo, cada subsidio o conciliación termina siendo un parche que durará poco. Hay que revisar costos, frecuencias, como cualquier otro servicio y tener en cuenta que la gente, los usuarios, están al límites de sus posibilidades en cuanto a las tarifas.

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Que la soga no se corte por lo más delgado, es decir por los usuarios. Es el Estado, en todo sus niveles, el que debe garantizar un servicio para el que no abundan prestadores.

Hay una licitación en puerta con el servicio en Roca y en este contexto es difícil imaginar quién se haría cargo en una ciudad que obliga a una inversión grande cada día. Es decir, para salir a la calle cada unidad demanda un montón de dinero, a lo que hay que sumar el costo de los empleados y el mantenimiento.

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