Adolfo Pinto: honestidad y sacrificio como clave del éxito

Don Adolfo Pinto tiene 66 años y hace 35 años que lleva adelante su comercio “El Agricultor”. Trabaja 12 horas por día. Las lecciones de su padre y de la vida fueron su principal escuela.

Entre las personas ligadas al agro, este año el municipio eligió a Don Adolfo Pinto como una de las figuras destacadas, en el marco de la Fiesta Nacional de la Manzana.

Su historia laboral tiene fecha exacta: el 6 de octubre de 1966. Ese día Adolfo entró a trabajar como cadete en la empresa de semillas y forrajes de Don Ricardo Isamuel D´Voskin, ubicado al lado de la cooperativa Valle Fértil, sobre Avenida Roca. “En esa época todos eran Ramos Generales”, dice Adolfo.

En ese entonces tenía sólo 14 años y le preocupaba que su madre, Emilia Salomón, trabajara tanto lavando ropa para afuera. “Yo quería que dejara, así que decidí estudiar el secundario a la noche y trabajar de día. En D´Voskin mi tarea era limpiar el local, servir café a los empleados, en esa época había que hacerlo dos veces por día, y llevar papeles al banco”, recuerda.

Pero además de trabajar, Adolfo era un apasionado del fútbol. A la hora de la siesta solía escaparse de su casa para ir a la cancha. Llegó a formar parte de la tercera del Club Italia Unida, como wing izquierdo. “Era muy bueno jugando”, asegura.

La actividad en el comercio siempre le fue favorable a Don Adolfo desde que comenzó, no por suerte, sino por pasión, honestidad y sacrificio. Hasta el día de hoy trabaja 12 horas por día.

Entre 1966 y el ´72 trabajó para D´Voskin y luego se fue con Peacok y PiergentilIi, cuando dividieron la sociedad. Pero en esta oportunidad ya dejó de ser cadete para ser un empleado del local que se dedicaba al mismo rubro de forrajes y semillas.

Adolfo de joven, junto a su papá, su mamá y su hermana.

Para 1982 cambió de rubro hacia la madera en el local de Raimondo y Malacarde hasta que finalmente en 1984 se une a Ricardo Natalini en sociedad y compran la razón social de “El Agricultor”.

Durante 10 años trabajan juntos con sus locales de Roca y Allen, hasta que de común acuerdo se separan. Natalini continuará en Allen y Adolfo sigue adelante con el local de Roca.

“En 1994 me independicé. Primero estuve donde hoy está la concesionaria de Sapag, hasta que se vendió un terreno en frente y lo compré. Eso sí, nunca pedí créditos a nadie. Nunca trabajé con bancos. Lo que hay es mío y lo demás es ajeno. Los bancos no te dan una mano, te quitan las dos”, dice el hombre que asegura haber aprendido de las experiencias propias y ajenas.

“No hay mejor educador que la vida”, define el hombre que pasó por dos situaciones complejas de salud con un ACV en el 2002 y otro más grave en el 2012. Muchas de las frases que lanza Adolfo las fue aprendiendo de su papá Wenceslao Segundo Pinto, quien solía decirle: “Un padre es el mejor amigo que uno puede tener”.

Una vieja foto del frente del local comercial, en Avenida Roca al 550.

“Mi papá era bravo, siempre serio, muy trabajador. El fue quien, a pico y pala, quitó los tamariscos de calle Alsina, desde Maipú hasta Avenida Roca y hasta calle Chile”, recuerda.

Respecto a la actividad frutícola, Adolfo es muy crítico de las políticas que se llevan adelante porque no tienen en cuenta al productor. “Lamentablemente han castigado mucho al productor y por eso los hijos no quieren seguir con la chacra”, dice el hombre que vende semillas, forrajes, plaguicidas y maderas.

Antes de terminar la entrevista, Don Adolfo nos regala algunas “claves” para ser exitoso en los negocios: “aplicar austeridad; nunca creerse que uno es mejor que otro; no ser mala persona y ser honesto”.

  • 14 años tenía Adolfo cuando comenzó a trabajar como cadete en 1966 en un Ramos Generales.
  • 1984 fue el año en que compró la razón social de “El Agricultor” con un socio. En 1994 siguió solo hasta la actualidad.

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