Crescencio, un luchador de los obreros rurales

Carlos Castillo/carloscastillo@rionegro.com.ar

Siempre vivió cerca del río y aunque no aprendió a leer ni escribir, se formó como dirigente de los obreros rurales. Llegó a ser concejal y se jugó por su sindicato en época de los militares.

“De joven fui medio bruto y rebelde. Cuando no me gustaba algo en la chacra, me iba nomás. Nunca pude aprender a leer y escribir”
Las frases las dice Crescencio Muñoz, un hombre de 77 años que vive a unos 100 metros del río Negro, al final de la calle que divide Roca de Cervantes. El fue el organizador de lo que hoy es Colonia Fátima, un barrio que se ubica a un costado de la ruta nacional 22.
Llegamos temprano a su casa. El sol recién comenzaba a entibiar el aire y la tierra cubierta de hojas amarillas y húmedas.
Una pequeña columna de humo se levanta sobre el techo y bajo un alero compartimos los mates calentitos de María Rufina Navarro, esposa de Crescencio.
Un chaleco de lana es todo el abrigo que el hombre lleva puesto.
Crescencio sufre poco las bajas temperaturas. Su cuerpo se acostumbró de pequeño a vivir cerca del río y adaptarse a sus condiciones.
Nació sobre la costa del río, en Allen. A la escuela fue algunos meses y a los nueve años ya era un trabajador más en las acequias, quitando hojas. Aprendió todos los oficios rurales, en la chacra y el campo. Fue criado entre familias de origen mapuche y fue su madrina, Rosa Cantero, quien le enseñó a hablar esa lengua.
Su madre fue Celinda Muñoz, quien tuvo 15 hijos. “Algunos son hermanos y otros hermanastros”, aclara.
La juventud la pasó de chacra en chacra, podando, raleando, cosechando, pero con un carácter difícil de domar. “Me echaban de las chacras por ser rebelde, por no aguantar injusticias”, dice.
En cierta ocasión conoció al doctor Jorge Pellegrini, integrante del Partido del Trabajo y el Pueblo (PTP) “El me decía que luchara por los trabajadores rurales, que los juntara y les hablara, pero que fuera más comprensivo y no me enojara tanto”, dice riendo.
Fue así que comenzó a militar como un referente de los rurales en el PTP, luego la CCC (Corriente Clasista y Combativa) llegando a ser concejal de su ciudad, Cervantes.

A escondidas de la dictadura
La época del régimen militar fue un período duro para todos los partidos políticos y en Cervantes las reuniones se hacían a escondidas.
“Como ya no había lugares para reunirse en el pueblo, me empezaron a preguntar a mí, como yo era conocedor de la zona ribereña y de las bardas. Yo decía dónde teníamos que ir”, cuenta.
Algunos de esos encuentros fueron en la zona donde hoy se hacen las jineteadas en Cervantes, otras en la sierra, donde cada uno debía ir por su cuenta: en bicicleta o a caballo solían llegar a un lugar donde se hacía un fogón y se debatía los pasos a seguir.
“Ahí analizábamos cómo teníamos que organizar la lucha para que los militares se fueran de una vez”, recuerda.
Uno de esos encuentros se realizó en una isla que Crescencio conocía muy bien. “Era de noche cuando llegamos a la orilla del río y yo tenía un bote que construí con chapas. Como estaba muy oscuro, nadie vio cómo era el bote y todos cruzamos. Al otro día, cuando volvíamos, nadie quería subirse al bote porque era muy precario. El tema era que entraba agua por un agujero y ellos tenían que sacar con un tarro el agua del bote. Para mi eso no era peligro, pero el “colorado” Tiscornia y Pellegrini estaban asustados”, relata, como una de las anécdotas más divertidas de las reuniones secretas.

Detenido en un sótano
Una de las cosas que Crescencio destaca es que estando en el partido aprendió muchas cosas, aunque no leyéndolas. “Se hacían muchas reuniones y yo aprendía de eso, escuchando, y porque el doctor Pellegrini y Fernández Novoa me enseñaban todo sobre los derechos de las personas”, agradece.
Eso le permitió salir en representación y defensa de los trabajadores rurales. Durante el gobierno militar, la policía secuestro toda la documentación del sindicato, pero lo que más afectaba eran las órdenes de consulta médica. Molesto por la situación Crescencio no dudó en ir al Comando a reclamar. “Estás loco… te van a dejar adentro, me decían. Pero yo fui igual. Cuando me presenté y dije lo que necesitábamos, me pusieron contra la pared y me llevaron a un sótano, donde había muchas personas”, relata.
Fue gracias a un policía que conocía a Crescencio, lo que permitió una entrevista con el interventor. “Yo le explique que si no teníamos las ordenes, los chicos de los obreros no podían ser atendidos. El me entendió y hasta me terminó pidiendo disculpas. Eran años duros, incluso muchos de los que estaban en ese sótano, no volvieron nunca más”, afirma.

Colonia Fátima
Hacia finales de la década de 1990 el barrio Colonia Fátima se levantaba como un barrio de obreros rurales y sólo contaba con una sala de salud, una iglesia y un comunitario abandonado. La esposa de Crescencio era por entonces la Presidenta de la Junta Vecinal. “Las reuniones para entregar la bolsa de alimentos las hacíamos en la iglesia, pero cuando se enteraron que “éramos zurdos” nos sacaron. La gente quería que yo los representara y yo acepte, pero por un tiempo nomás. El tema es que aún sigo siendo el referente barrial” cuenta con una gran sonrisa.
Con este cargo vecinal y con el apoyo de Raúl Rajneri (dirigente de la CCC), se contactó con el Intendente Mena y logró que se dispusieran tierras para los obreros, luego el reclamo fue por viviendas, aprovechando programas nacionales.
“Una vez me invitaron a un seminario de la CCC en Buenos Aires y me preguntaron cómo iba el barrio, les dije que mal porque no teníamos quien nos ayude. Así que ellos comenzaron a mover algunos contactos, pero de igual manera la obra se demoró mucho. Un día cansados de esperar me fui a ver al entonces Intendente Cacho Cuevas y le dije que si ellos no gestionaban, le íbamos a cortar la ruta. Finalmente llegaron los materiales y las casas se hicieron. Así nacieron las primeras 40 viviendas que hoy tiene Colonia Fátima”, destaca.
Crescencio sigue siendo hoy el Presidente de este barrio y a pesar de su edad, sigue luchando para que se terminen las 90 casas, que estuvieron paralizadas durante varios años y se concrete la entrega de 75 terrenos. “La actual Intendenta Montanaro nos está ayudando y tenemos buen diálogo con ella, pero seguiremos luchando para conseguir más cosas para los trabajadores rurales”, afirma.
A lo largo de su vida Crescencio fue jugador de fútbol de la “Estrella Polar” de Allen y del Club de Lamarque. En la política alcanzó el cargo de concejal de Cervantes durante la primera gestión de Gileberto Montanaro y hasta una calle de Colonia Fátima, lleva su nombre, en reconocimiento a su lucha por los trabajadores rurales de su ciudad.

Siempre fui algo renegado, pero el doctor Pellegrini me decía que no me enojara tanto, que hablara y organizara a los obreros rurales”, Crescencio Muñoz, trabajador rural.

 

 

 

 

 

 

 

Dato: 77 años cumplió Crescencio en abril pasado. Aún hoy sigue siendo el referente de Colonia Fátima.

Cazador y pescador

Además de haber sido un buen jugador de fútbol en la “Estrella Polar” de Allen, Crescencio dice ser un buen cazador de jabalíes.
Junto a otras personas solía ir al campo en busca de estos animales y cuando los perros lograban atrapar a uno, Muñoz no sacaba armas de fuego para ultimarlos, sino que se abalanzaba sobre los chanchos para degollarlos con su cuchillo.
Hoy ya jubilado, prefiere realizar prolongadas visitas al río, cruzando islas con su bote y pescando.
“Conozco mucho el río y veo como lo están contaminando. Es una pena”, se lamenta el pescador Crescencio Muñoz.

Un plan de viviendas para el obrero rural

En la década del ´90 los vecinos que vivían en Colonia Fátima eligieron a Crescencio como su referente. Entre todos lograron que el municipio cervantino destinara terrenos y a fuerza de cortes de ruta, reclamos y gestiones en Buenos Aires, con la CCC, lograron el primer plan de 40 viviendas.
A eso se le sumaron más pedidos de viviendas y de terrenos. Ahora esperan que se terminen 90 casas que estuvieron parada durante años y gestionan otros 75 terrenos más para la familia rural.

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