Cumplió 100 años la empresa metalúrgica que resistió las crisis del último siglo

Ballada, una de las pocas empresas que ha logrado superar las crisis de todo un siglo, adaptándose a los nuevos tiempos.

“Cuando tenía entre seis y ocho años recorría la fábrica buscando rulemanes para que el tornero Monroy me fabricara un karting para jugar”.

Así recuerda su infancia Jorge Sánchez, actual dueño de la empresa metalúrgica, orientada a la fabricación de elementos. Su padre, que también se llamaba Jorge, su abuelo Locadio Sánchez y su tatarabuelo Jorge Martínez, junto a Miguel Ballada forman parte de la historia, no sólo de Roca sino de todo el Alto Valle.

Todo comenzó en el aula de un colegio industrial de Bahía Blanca. Ballada era profesor y Jorge Martínez era su alumno. Luego de varios años aquel docente de taller decide venirse a General Roca, donde se prometía un venturoso futuro. Casualidades de la vida, aquel alumno, ya grande aparece en Roca y se reencuentran. Julia, hija de Miguel finalmente se casa con Jorge Martínez y se convierte en el socio de su suegro.

En 1919, Miguel Ballada ya había instalado su taller en calle Tucumán al 1.230 (hoy Musimundo), donde reparaba carruajes y curadoras y que posteriormente se convirtió en una empresa metalúrgica orientada a la fabricación de elementos.

La mayoría de estos elementos tendrían que ver con la producción frutícola en expansión y sus galpones de empaque. La sociedad ahora sería “Balla-Mar” (Ballada- Martínez). Hacia 1930 muere Ballada y Martínez continúa con el proyecto.

Entre la década del 50 al 70 fue sin duda la mejor época. La fábrica tenía entre 80 y 100 trabajadores. En el valle existían alrededor de 1500 plantas de empaque”, cuenta Jorge Sánchez.

Del pequeño local de calle Tucumán, pasaron al de calle Buenos Aires y en 1950 inauguran su sede permanente en 25 de Mayo y Córdoba. Las fotos de la época muestran a gran parte de la sociedad roquense en una fiesta de gala en el interior de la prestigiosa fábrica.

Los alrededores del edificio, eran en su mayoría baldíos. En principio contaban con un galpón de 50 x 50, que luego tuvo que ampliarse con otro sector destinado a fundición, que daba a calle Roca, hoy Hipólito Yrigoyen.

Foto: Gonzalo Maldonado

En el lugar se llegaron a construir motores a explosión y su fama se extendió por gran parte del país, a tal punto que miembros de la Escuela de Mecánica de la Armada visitaban sus talleres.

Sin embargo todo ese avance tecnológico y productivo comenzó a decaer. “Mi abuelo y mi padre ya hablaban de crisis frutícola en 1981, porque se veía la disminución en los pedidos que realizaban desde los empaques. Ese presagio se terminó de confirmar con el correr de los años y hoy prácticamente no existen pedidos desde el ámbito frutícola.

A lo largo de los cien años la familia supo sortear crisis económicas y también familiares. Y cuando parecía que Ballada estaba destinada a desaparecer, apareció el boom petrolero de Vaca Muerta.

Foto: Gonzalo Maldonado

Del empaque al petróleo


Jorge Sánchez recorre todos los días la Ruta 22 y se lamenta de las chacras sin producción. “Hoy el sector frutícola tiene que tecnificarse y está muy lejos de eso. Sería un crimen que desapareciera la fruticultura. A mediados de los ‘70 construíamos 20 líneas de empaque, hoy prácticamente no hay pedidos”, dice.

Agrega que sino hubiese aparecido el petróleo, Ballada dejaría de existir. “Por suerte las empresas petroleras tienen problemas que requieren de soluciones y allí estamos nosotros. Por ejemplo estamos construyendo un sistema de separación de materiales que ellos requieren. Las empresas no podían separar el petróleo del gas, el agua y la arena en una de las etapas de extracción, así que nosotros le dimos la solución”, destaca el ingeniero mecánico, quien además es docente en la Facultad de Ingeniería.

Hoy el taller de calle 25 de Mayo está repleto de elementos que son utilizados para la extracción de petróleo y Jorge espera por una reactivación que mejore la economía del país. Mientras ese milagro llega, él sigue apostando por la empresa que heredó de sus familiares.

Foto: Gonzalo Maldonado

Cuando se le consulta a Jorge Sánchez cómo imagina que seguirá este proyecto centenario, resume con la frase del más pequeño de sus cuatro hijos: “Papá, acá hay un olorcito a fábrica”.


La historia en números

  • 1919-Miguel Ballada funda “Ballada”. Ese mismo año llega Jorge Martínez.
  • 1920: Jorge se casa con Julia Ballada.
  • 1925: se incorpora Martínez a la firma Ballada.
  • 1929: Miguel Ballada se abre de la firma. Fallece en 1939.
  • 1937:Llega Locadio Sánchez a Roca y en el ´44 se casa con Fany Martínez.
  • 1948 Locadio Sánchez se asocia Martínez.
  • 1971: Se funda Ballada SAIC.
  • 1972: Fallece Jorge Martínez (76)
  • 1995: Fallece Locadio Sánchez (81)
  • 2004: Fallece Jorge Sánchez padre (68) y queda a cargo Jorge Sánchez (hijo)
  • 2019. La empresa cumple 100 años.

Mis abuelos tuvieron mucho de visión, pero también de supervivencia, con una mezcla de amor y orgullo”

Jorge Sánchez, ingeniero y dueño de Ballada.
Foto: Gonzalo Maldonado
  • 20 líneas de empaque por año se construían en la mejor época de Ballada, con un centenar de trabajadores.
  • 2009 último repunte de la actividad frutícola. En el 2013 se inició una mayor producción petrolera, reemplazando a la fruta.

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