De los sonidos de la 2° Guerra Mundial a la melodía del folklore

Carlos Castillo/carloscastillo@rionegro.com.ar

Nina cumplió 80 años y 40 con su agrupación “Lucerito del Alba”.Vivió su infancia escapando de los bombardeos en Sicilia. En Argentina fue embaladora, maestra y es profesora de folklore.

Antonia Candela de Dalbene o simplemente Nina, es la mujer que hace pocos meses cumplió 80 años y en noviembre próximo cumplirá 40 años con la “Peña Lucerito del Alba”, que ella misma fundó.
Nina es muy conocida por gran parte de la sociedad roquense por su amor y aporte al folklore, pero existe otra historia de Nina que se inicia en la isla de Sicilia, Italia.
Según cuenta, nació en un pueblito llamado Montelepre, en la provincia de Palermo, en 1938. Su padre fue un campesino, pero que tuvo que participar de la segunda guerra mundial.

Infancia durante la guerra
Según los libros de historia la invasión a Sicilia fue la más importante operación aliada anfibia y aerotransportada, en la que estuvieron implicadas fuerzas británicas, canadienses y estadounidenses con la tarea de arrebatar la isla a las fuerzas del Eje representadas por los soldados italianos y alemanes.
“Recuerdo que yo tenía más de tres años cuando papá se fue a la guerra y por suerte volvió, cuando yo tenía seis”, dice como si viera en la pared de su casa lo que pasaba. Montelepre comenzó a ser bombardeado y las familias tuvieron que huir a las colinas, ocultándose en cuevas.
“Nosotros éramos muy pequeño y algunas cosas nos resultaban como un juego. Por ejemplo nos decían que cuando estuviéramos jugando afuera y escuchábamos el ruido de un avión, teníamos que abrazar un árbol y nosotros lo tomábamos con un juego, pero en realidad era para que no nos vieran desde el cielo”, relata.
En agosto de 1943 los aliados logran entrar a la isla de Sicilia triunfantes y la pequeña Antonia estaba allí. La imagen que llega con mucha claridad a su memoria se parece a las tomas de una película americana: “Ese día estábamos todos contentos porque la guerra se había terminado. Por las calles ingresaban los soldados norteamericanos y uno de ellos me vio, me tomó en brazos y me regaló un chocolate…esa fue la primera vez que probé un chocolate”, cuenta con una mirada tierna.
Sin embargo la pos guerra fue muy dura, un pueblo desbastado y policías italianos que requisaban las casas que quedaban en pie, en busca de un tal “Salvatore Giuliano un bandolero independentista siciliano, que ganó notoriedad en el desorden propiciado por la invasión de las fuerzas aliadas.
“Este Salvatore era como un Robin Hood y la policía vivía allanando las casas en su búsqueda”, dice.
Finalizada la etapa de su vida en Sicilia, logra viajar con su madre y hermana en barco hacia la Argentina, donde los esperaba su padre, quien ya había logrado contactarse con su hermano, que vivía en Villa Regina.
Antonia llegó en agosto de 1950 al valle y en octubre del mismo año ya era etiquetadora de cajones en el galpón de Pirri.

Aprender castellano
Uno de los problemas de Antonia era que sólo había logrado hacer la escuela elemental italiana y de castellano conocía muy poco.
Una de sus amigas, en Regina, tenía un hermano que recibía la revista “Rayo rojo”. “Mi amiga me enseñó a leer con esa revista y así aprendí”, cuenta con mucha gracia. El paso siguiente fue llegar a la secundaria, cosa que logró también gracias a un compañero del galpón, quien le avisó que tenía que rendir materias para ingresar al secundario. Nina decidió probar suerte y luego del permiso del director pudo rendir satisfactoriamente las pruebas de ingreso. Eso cambiaría la suerte de la joven italiana, quien en pocos años terminaría el secundario y comenzaría a transitar su sueño de convertirse en maestra, algo que logró en 1963 con 25 años de edad.

La maestra
Esta nueva etapa de su vida la convirtió en maestra de la escuela N°4 de Regina, aunque su ganas de superación fueron más allá y luego de dar clases, se dedicó a estudiar como Perito Mercantil. Pocos años después se desempeñó como la primera directora del barrio Matadero, también de Regina.
En 1966 se casó y se trasladó a Roca, donde se desempeñó en el hogar de varones como auxiliar docente, en tiempos que el lugar era conocido como “el patronato”. Luego de cinco años en este puesto fue elegida directora del Hogar de niños. Paralelamente se presentó a un concurso para ser docente titular en la escuela N°155 de Mosconi, algo que también logró, como todo lo que se propuso en la vida.
El final de su vida como docente fue justamente en esta escuela rural, donde terminó como directora del establecimiento.
Fue madre de seis hijos (Daniela, Mario, Marcela, Devora, Mauro y Silvana, quienes a su vez le dieron once nietos y tres bisnietos.

La danza
“Nina” asegura que la danza siempre estuvo en su vida desde pequeña, pero que logró introducirla en su vida ya de grande.
En 1978 Argentina y Chile ingresaron en una escalada bélica que amenazaba con un enfrentamiento por el Canal de Beagle. Antonia era por esos años maestra en la escuela 155, donde asistían alumnos argentinos y chilenos. Conocedora de los efectos de la guerra, Nina quiso evitar conflictos, al menos entre sus alumnos chilenos y argentinos.
Así comenzaron las clases de danzas nativas, para unir a sus alumnos. “Yo algo había aprendido algo de otra docente que era del norte cuando vivía en Regina. Lo poco que sabía se los enseñaba”, cuenta. Dicha actividad generó una invitación a participar de los “fogones por la Paz” que se hacían en los colegios de la ciudad.
La participación de los alumnos de la escuela 155 implicaba un nombre y vestimenta. La ropa fue prestada y hasta un comercio de Roca les fió las telas para confeccionar la ropa típica. En cuanto al nombre, fue sometido a votación, siendo el ganador por amplia mayoría “Lucerito del alba”, nombre que perduró en el tiempo hasta nuestros días.
La danza, la música fue sanadora para Nina, quien desde pequeña tuvo que enfrentar duros golpes de la vida. En medio de la guerra fue la tarantela.
En Argentina fue la zamba, la chacarera, el gato y tantos otros bailes, con cuya melodía fue sanando heridas de madre y esposa.
Hoy Nina Candela de Dalbene sigue enseñando danzas folclóricas en su propio taller que tiene en el fondo de su casa. Allí se juntan tres veces a la semana niños desde los cinco años hasta adultos de 80 que bailan al ritmo de un valsecito, disfrutando de la música y y la danza, pero sobre todo valorando que a pesar de todo “la vida es bella”.

En el conflicto por el Canal de Beagle forme un grupo de danzas con alumnos chilenos y argentinos. Así nació “Lucerito del Alba”, Nina Dalbene Profesora de danzas folklóricas.

Dato: en el año1950 “Nina”viaja de Italia a Argentina. Ese mismo año ingresa a trabajar en un galón de Villa Regina.

Del “Rayo rojo” al secundario

Cuando Nina vivía en Regina, no pudo ir a la escuela porque debía trabajar en el galpón de empaque.
Una amiga tenía a su hermano que recibía una revista de historietas llamada “Rayo rojo”.
Esta revista fue la forma que su amiga utilizó para ayudar a leer en castellano a Nina.
Años después se presentó en un colegio secundario para rendir examen de ingreso. Viendo el interés de la joven, los profesores la ayudaron y así cursó el secundario. De ahí en más no paró hasta ser maestra de escuela.

La historia de Nina en números

-1938. Nace en Montelepre, pueblo de Sicilia-Italia.
-1950. Llega a Argentina
-1958. Deja de trabajar en galpones de empaque y comienza a estudiar el secundario con orientación en magisterio.
-1963. Se recibe de maestra
-1967. Se traslada a Roca, siendo maestra de la Escuela 155 y luego directora.
-1978. Forma la Peña folklórica “Lucerito del Alba”
-1990. Se jubila con 25 años de docencia.
-2004. Es declarada ciudadana ilustre y como vecina destacada en el 2014.
-2015. Recibe el reconocimiento del Senado de la Nación.

 

Editor Picks