De verdulera a taxista, luego de un terrible accidente

“El colmo de una verdulera es que te pase por encima un camión con papas. Eso fue lo que me pasó a mí”, dice riendo Margarita Loncomán, de 58 años y taxista desde hace 25 años.

Su historia comienza en la década del 90 cuando trabajaba como verdulera en el comercio que tenía el reconocido vecino Raúl Ais, sobre calle Chile.

Margarita se había comprado una moto y Raúl le propuso que le dejara la moto a él para hacer las cobranzas y ellas usara el Fiat 600 que tenía. Sin embargo el auto tenía algunas fallas y la mujer lo llevó al taller. La esposa de Raúl, le dijo que mientras se reparaba el auto, que utilizara su bicicleta para ir a su casa.

Uno de esos días, Margarita iba al trabajo por Avenida Roca, cuando un camión con papás, no la vió y la chocó, pasando sus ruedas por sobre el cuerpo de Margarita.

“Tuve 22 fracturas y cuatro meses de internación. La recuperación llevó dos años, en los que tuve que aprender a caminar de nuevo. Con la plata que me pagó el camionero, porque llegamos a un arreglo sin ir a juicio, me compré un taxi”, recuerda.

Mientras estuvo internada otra tragedia, que conmocionó a toda la ciudad, ocurrió en su trabajo, luego de un asalto, mataban a su patrón, Raúl Ais. La situación no podía ser peor y el cambio de trabajo no fue fácil, sobre todo para una mujer por esos años.

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“Me compré la licencia, la número 669 y el auto. Me costó mucho porque tuve que aprender los nombres de todas las calles. Por suerte en esa época los que estaban en la base ayudaban bastante. Durante 10 años me pude sostener, pero como tenía suficiente dinero para cambiar el coche, tuve que vender todo”, cuenta la mujer que suele estar con su taxi en la terminal de colectivos.

A esta altura ya había aprendido el oficio y no había tiempo de volver a cambiar, por lo que decidió seguir como chofer solamente. Hace once años que trabajaba para el dueño de una licencia y vehículo. “Pasa que yo cuido el auto como si fuera mío”, asegura.

Margarita tiene dos hijas y siete nietos y a lo largo de estos 25 años ha pasado por distintas situaciones, aunque las más peligrosas fueron las veces en que le robaron.

“En una ocasión me asaltaron en las 250 viviendas, unos chicos que estaban drogados, pero yo los seguí y vi donde entraban. Llamé a la policía y pude recuperar todo”, dice y agrega otra situación. Fue cuando tres hombres tomaron pasaje en Roca para ir a Huergo, pero en Cervantes le pidieron la recaudación.

“Yo esperé que se bajaran y cuando me quiso asaltar, puse primera y salí escarbando. Era de noche y estaba lloviendo. Perdí el viaje, pero salve lo poco que había recaudado en el día”, dice como si fuera una aventura.

Actualmente Margarita trabaja en horario cortado, pero ya no de noche “porque es un peligro”, asegura. “Hoy somos de los pocos que tenemos plata efectiva en la calle y los ladrones de aprovechan de eso. Es peligroso ser taxista con la crisis que hay”, afirma.

Consultada por un día bueno y uno malo, responde que los días buenos suelen ser los primeros días del mes y se puede recaudar unos dos mil a dos mil 500 pesos por día, con más de 20 viajes.

“Un día malo significa hacer unos mil pesos, pero no queda otra que trabajar”, dice Margarita Loncoman, una de las tantas taxistas que tiene nuestra ciudad.

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