Historias de peluqueros de ayer y hoy

Lejos de extinguirse en el tiempo, la profesión de peluquero sigue la línea tradicional y le hace frente a las nuevas tendencias. Palabras autorizadas de: Roberto Perfetti y Luis Gallegos.

Gino Avoledo/Carlos Castillo

Jacinto viste como si fuera a trabajar a la oficina de un banco: prolijos zapatos lustrados, pantalón de vestir, camisa y un suéter.
Sin embargo su tarea está al otro lado de la puerta de su casa. Allí hay un salón cuidadosamente decorado: pintado de amarillo y blanco, con pequeñas luces dicroicas junto a grandes espejos. Sobre las repisas, observan su tarea tres musas griegas, entre las que se destaca la estatua en yeso de Venus, diosa del amor.
Contar con un lugar agradable para él, como para sus clientes, ha sido casi una obsesión para Jacinto Perfetti, peluquero desde los 14 años.
Nació en Roca y asegura que su padre, también de nombre Jacinto, lo mandó a trabajar. Fue así que llegó hasta la peluquería de un tal “Nomi”, quien lo tuvo en su peluquería para ordenar, barrer y hacer mandados. Estaba ubicada frente a lo que hoy es el Instituto de Formación Docente.
“En ese tiempo era medio difícil que te pagaran, excepto alguna propina que te dieran los clientes”, recuerda Jacinto.
Fue recién después de tres años que logró aprender a cortar el pelo. Para los 22 años, ya algo más ducho en el oficio, decidió instalar su propia peluquería en Belgrano y Mitre.
Su padre, un oficial de policía, fue quien le compró su primer sillón de peluquero, en Bahía Blanca. Su peluquería, ubicada en calle Santra Cruz, casi Mitre, cuenta con dos sillones antiguos prolijamente tapizados, construidos en EE.UU.
Mientras cuenta su historia, Jacinto busca y rebusca en cajas algo que certifique los años que lleva en el oficio, que son alrededor de 63 años. “Acá está”, dice y muestra un asentador de filo de navaja. Muñequea para uno y otro lado demostrando cómo se sacaba el filo para luego cortar la barba de sus clientes.
“En aquellos años, la gente venía a cortarse la barba antes de ir al Jokey Club o o antes de ir a trabajar” cuenta y agrega que la primera generación de peluqueros y barberos prácticamente ha desaparecido y que él, junto a muchos otros pertenecen a una segunda generación, donde no habían más de 14 en toda la ciudad.

Peinar al Puma
Don Jacinto recuerda que muchos vecinos de la ciudad asistían a su peluquería, entre los que se encontraban algunos intendentes de distintas épocas, pero la que más gusta contar es cuando el músico “Puma” Rodríguez, llegó a Roca para participar de la Fiesta Nacional de la Manzana.
“El vino a mi peluquería durante los tres días que duró la fiesta. Yo tenía que peinarlo y al momento de pagar, lo hacía con billetes de 100 dólares. Gané 300 dólares en tres días”, recuerda con una sonrisa.
Consultado por su cliente más antiguo, Jacinto no duda y nombra a un hombre de apellido Sosa. “Cuando yo recién empezaba con mi oficio Sosa fue uno de mis primeros clientes. Se bancó que aprendiera con él y hasta el día de hoy sigue viniendo a que le corte el pelo”, destaca.

Familia de peluqueros
Don Jacinto cuenta que tiene dos hermanos, Roberto e Ilda. Roberto también es peluquero y el hijo de Roberto, que lleva el mismo nombre, también se dedicó a este oficio, instalando su local a pocos metros del de su tío y con el mismo nombre de peluquería “Perfetti”.
Por otra parte, Jacinto tuvo dos hijos: Luis y Roberto. Este último también es peluquero.
“Hay Robertos para hacer dulce”, dice el sobrino de Jacinto.
Los problemas de salud le impiden a Don Jacinto Perfetti tener abiertas las puertas todo el día, pero así y todo afirma que morirá con su profesión”.

Luis Gallegos dejó a su hijo el legado de calle San Juan

Para la familia de Luis Gallegos (71 años) vivir entre tijeras parece que siempre ha sido la regla.
Y la calle San Juan su lugar en la ciudad. Nos sumergimos en una historia que empezó ayer y que -hoy- tiene un fuerte presente.
Mientras que sostiene que su comienzo fue “bien de abajo” y que en la profesión ya lleva 53 años, la escena de hoy es distinta porque “Luisito” (como los conocen y llaman sus clientes de confianza) ha pasado la posta, el legado, a su hijo: Julio César (34 años).
“Todo empezó allá por el año 1959 en el local del señor Napolitano (Tucumán al 1700). Fui lustrabotas a los 12 años; también cosechaba tomates. Y cuando cumplí los 18 años ya había comenzado a hacer mis primeros cortes”, trae a la actualidad “luisito”.
“Y en la calle San Juan fueron 49 años (el primer local que tuve estuvo en frente del ya inexistente bar Limay). Yo ahora ya me borré de todo, hoy la cosa la sigue mi hijo y él te puede contar más”, afirma en voz alta uno de los más antiguos peluqueros de Roca.
Y mientras “Luisito” nos va facilitando el contacto para conversar con Julio César, observamos cómo se aferra a uno de los “sillones históricos de peluquería” que conserva en su domicilio. A la vez nos habló de cortes del ayer, básicos, con tijera y algo de navaja.
“Yo ya me retiré, mis clientes me andan buscando todavía”, exclama con risas antes de despedir a La Comuna.
Luisito -padre de cuatro hijos, dos varones (49 y 34 años) y dos mujeres (51 y 42 años)- se permite visitas esporádicas por el local de San Juan y ahí todavía, mientras Julio César ya dirige la clientela, sigue enriqueciéndose de charlas con viejos clientes.
“Yo era adolescente, estaba estudiando en el secundario y mi papá me propuso si quería hacer un curso de peluquería en el Atelier de Neuquén. Estuve nueve meses y me recibí. En Roca le sumé seis meses. Empecé a cortar en casa, después en la peluquería de Daniel y ahora ya estoy acá, solo desde enero. Llevo 13 años en la profesión”, dijo Julio César.
P- Tomaste la posta de “Luisito” en el salón. ¿Cómo viene la tarea?
R- Acá siempre se dio el corte masculino tradicional. Por ahí me toca innovar porque los pibes de hoy te piden algo especial (antes era más de tijera o navaja y ahora es maquinita, degradé).

P- ¿Qué adquiriste de tu papá?
R- La forma de trabajo. Cuando vine acá me cambió la dinámica sobre todo; antes agarraba mecha por mecha, tijera y peine. Acá adquirí ritmo. Capaz que un sábado con papá metíamos 45 cortes. Por suerte hay trabajo, ahora son un par menos.
“Muchas veces con el cliente terminas con una linda amistad; a veces son una especie de psicólogo. Al viejo le digo gracias por todo; es un ejemplo del levantarse y cumplir con la profesión. Trataremos de mantenerlo y seguirlo”, cerró Julio César.

“Cuando la gente se siente cómoda no te cambia, y ahí empiezan pequeñas amistades que perduran por años. Luis Gallegos, peluquero.

Peluquería, y prendió el servicio de barbería

Una opción para salir del local cercano a tu casa si estás buscando renovar tu corte o recibir un adecuado servicio de barbería, es Peluquería Ellaos.
En pleno centro, un espacio distendido, relajado y con buena onda.
Sobre cómo se desarrolla la profesión Pablo Carrasco conversó con “La Comuna”.
“Hace nueve años que estamos en este salón. Es un emprendimiento familiar que sigue avanzando. Mi señora se dedica al color y lo mío pasa por cortes masculinos y barbería. Yo me tuve que involucrar después de que mi hermano, que estaba con mi señora en una peluquería acá cerquita, decidió irse a otro local”, recuerda Pablo.

P- ¿Cómo vienen las nuevas tendencias?
R- Siempre llega algo nuevo, por eso estamos preparados para satisfacer al cliente. El mundo artístico o el deportivo propone más, y por eso aparecen los cortes degradé, asimétricos o con colores; por ahí antes era el manejo de la tijera sola, ahora el uso de la maquinita o las navajas también vienen ganando terreno.
“La gente se anima a ciertos cortes o estilos que llegan del mundo artístico o de ciertos personajes, y eso es bueno porque son cortes lindos que a los profesionales nos obliga a crear”, refuerza Pablo.
La barbería asoma como queriendo volver a ganar un terreno perdido. P- ¿Qué espacio ocupa en el salón?
R- El hombre en la Argentina ya hace unos años que viene dedicándole más tiempo a su estética. El cuidado de la barba está fuerte.
Viernes a la noche o a horas del gran evento, si tu look necesita un retoque, quizás logramos ayudarte a encontrar tu peluquero o peluquera perfecta.
En cuanto al público. P- ¿Qué edades son las que más frecuentan la peluquería?
R- Es variado, la verdad que ingresan de todas las edades. Nuestro nombre “Ellaos” lo dice todo, somos unisex. Verónica que se dedica a lo que es colores y cortes femeninos; Tomás Ríos y yo nos ocupamos de los cortes masculinos y barbería.
El peluquero remarcó que se ocupan de que el cliente tenga una buena imagen siempre de acuerdo a su requerimiento.
“La imagen para el hombre o para la mujer es importantísimo, queremos mostrarnos de la mejor forma ene l trabajo o en ciertos ámbitos, y por eso elegimos este rubro, porque nos gusta trabajar para la imagen de la persona”, sintetizó Pablo.
El salón, en Belgrano 1461; en face en peluquería ellaos.

Recuerdos y elogios para don Darío

Tanto Jacinto como Luis recordaron a don Darío Marcoccia, recientemente fallecido a fines de mayo, como uno de los peluqueros de la vieja guardia.
“Él fue uno de los primeros en Roca”, comentaron sobre el peluquero que murió a los 86 años, luego de haberse mantenido en el oficio por casi 70 años.
En una entrevista televisiva, Darío comentó que llegó de Ceprano (Lazio- Italia).
“Vinimos por un tío a este lugar que llamaban la Patagonia y que yo creía que era el far-west!” dijo entre risas.
El “italo-patagónico” (como él mismo se definió) remarcó que los debates políticos y los grandes negocios “se cocinaban en el sauna de la peluquería”.
“Peluquería Darío” no era una peluquería más. Atendida por Darío Marcoccia, el lugar se transformó en una verdadera institución, cortando el pelo a más de cinco generaciones.

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