José Luis Salvo, un campeón mundial nacido en La Recova roquense

Por Marina Contreras

Desde La Recova, antigua milonga de Roca, al ritmo de la milonga mundial. José Luis Salva, el tanguero de esta ciudad recordó todas las dificultades que tuvo que superar para lograr ser uno de los exponentes argentino del 2×4 y contó como el tango le salvó la vida. Salvo, de 32 años, se convirtió, junto a Carla Rossi (30), en la pareja ganadora del último campeonato mundial de tango de pista que se realizó en Buenos Aires.

“Siempre tuve la ilusión de bailar tango y la pasión que siento se despertó incluso antes de saber bailar”. A los 18 años, cuando trabajaba como repartidor de pizzas en Roca, pasaba todos los días frente a la milonga La Recova, ubicada en España y Villegas. “Los viernes en ese lugar realizaban milongas y cada vez que pasaba y veía las parejas bailar me emocionaba y me daba mucha curiosidad, pero no me animaba a entrar”.

Su inicio en la danza fue de la mano de otro género, entre chacareras y zambas en la conocida Agrupación Folclórica “Lucerito del Alba”. Allí, Salvo se encaminaba hacia una carrera artística que no tuvo techo. Luego en un taller municipal comenzó a marcar los primeros pasos básico del tengo, sin tener idea de que la milonga se convertiría en su estilo de vida. “En ese momento estaba atravesando una situación personal y familiar muy complicada, había renunciado al trabajo y llegó el tango a mi vida y me salvo” recordó.

A los 25 años decidió darle un giro a su vida: renunció a su trabajo de cadete, abandonó sus estudios y se compró un pasaje con destino a Buenos Aires. Sin tener mucha certeza de lo que le esperaba en la ciudad porteña, el rionegrino se dejó llevar por sus sentimientos y se animó a emprender un nuevo camino. “Estaba convencido de que el tango era mi futuro”, señaló.

“Cuando llegué a Buenos Aires retomé mis estudios y comencé a trabajar como ayudante de cocina y en el tiempo que me quedaba libre iba a clases de tango. No fue nada fácil, terminaba el día re agotado del trabajo, pero necesitaba cumplir con todo eso para sostener el pego de la pensión donde vivía. Ese fue otro momento duro en mi vida, hubieron días que solo tenía para comer lo justo y suficiente”.

También rememoró la curiosa forman en la que llegó a la milonga porteña. “Yo sabía que en Buenos Aires habían muchos lugares de tango pero no sabía dónde. Un día iba caminando por la calle y cruzo a tres chicos con bolsos, en los que pude ver que llevaban zapatos de baile y dije estos van a una milonga y los seguí”. Así fue como descubrió el mundo de la milonga en la capital del 2×4.

Convencido de que el tango era su futuro, decidió renunciar a su trabajo en la cocina y junto a una compañera se convirtió en bailarín del reconocido espacio turístico porteño Caminito. “Con la plata que empecé a ganar ahí cubría mis gastos y fue el primer paso que me permitió vivir de mi gran pasión”, señaló.

Con mucho camino recorrido de la mano de la danza anhela seguir visitando las grandes ciudades del mundo compartiendo su pasión junto a su compañera de baile, y de vida, Carla Rossi. “Sueño con que llegar a viejo y estar en las milongas, disfrutando de lo más hermoso que la vida me regaló, el tango”

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