La mujer que embala 10 mil manzanas por día y trabaja hace 42 años

Este es el promedio que realiza María Márquez Ávila en el galpón San Formerio. Llegó con su familia de chile a los 14 años y a los 16 ya trabajaba en el aserradero “El Valle”.

Con un delantal blanco y un gorro negro, María Nelly Márquez Ávila, sale del ruido de las máquinas, en el galpón de San Formerio, para recibir a “La Comuna”. Ella, al igual que otras mujeres será una de las que recibirá un reconocimiento por parte del municipio roquense.

Tiene 58 años y trabaja desde los 16, cuando comenzó en el aserradero “El Valle” que tenía sus galpones sobre calle Alsina, hoy utilizado como taller de la empresa de colectivos 18 de Mayo.

Mientras el tambor va dando vueltas, cargado de manzanas, ella va seleccionando las que tienen mejor color para luego acomodarlas prolijamente en un cajón de madera, con bandejas violetas que las protegen de los golpes.

María llegó de Chile junto a su familia cuando tenía 14 años y a los 18 ayudaba a su papá, Neftalí Márquez, cosechando en las chacras de la región. Su mamá, Sara Ávila (fallecida) tuvo ocho hijos en total, de los cuales dos están fallecidos.

Con 19 años logró ingresar al, ahora desaparecido, galpón “Cascada”, allá por 1981. Recorrió otros empaques como el de “Troiani” y el de “San Formerio”, donde trabaja desde hace 21 años. Fuera de temporada, ella se dedica a su casa y a sus nietos.

Las rojas manzanas se muestran brillantes y María las va juntando una por una. Con gran rapidez las envuelve en papel sulfito violeta y las acomoda en el cajón hasta completarlo.

El ruido dentro del galpón suele ser ensordecedor, pero los trabajadores están acostumbrados a ese desorden organizado donde los cajones parecen volar de un lado a otro llegando hasta las manos de los embaladores.

Ellos los bajan de los rieles aéreos y en esos cajones depositan cuidadosamente cada fruto. Sin embargo ese no será el recorrido final de las manzanas. Subirán a un camión, rumbo a un frigorífico o tal vez hacia un barco que espera en el puerto para ser saboreadas en Europa.

Para que todo esto se haga en tiempo y forma, depende del buen tiempo en el valle, de acuerdos gremiales, de mejoras en el mercado internacional, de políticas, costos en fletes y tantas variantes económicas que no son tenidas en cuenta por María, pero son las que afectarán directa o indirectamente su trabajo. El sacrificio de estar ocho horas paradas embalando manzanas dará mayor o menor ganancias según esas variables que son sólo para entendidos.

Pero una cosa sí sabe María, que hace diez años atrás lo que ganaba en la temporada servía para ampliar o mejorar la casa. Hoy sólo alcanza para pagar impuestos y hacer algún pedido de mercadería para todo el mes y eso refleja también la situación de la fruticultura regional.

“Trabajar hace diez años atrás en la cosecha era otra cosa. Lo que ganabas, servía para arreglar la casa, la vereda, comprar ropa o viajar. Ahora sirve para ponerse al día con las deudas y comprar mercadería para el mes”, cuenta María.

Hace 10 años el pago de la cosecha servía para arreglar la casa o viajar. Ahora sólo alcanza para pagar deudas” María Nelly Márquez Ávila, embaladora

Cada uno de los cien cajones que embala por día contiene un promedio de 100 manzanas. Es decir que por sus manos pasa un promedio de 10 mil frutas.

  • 10.000 manzanas por día es el promedio que María embala en ocho horas de trabajo en el galpón San Formerio.
  • 100 cajones de promedio son los que arma María por día, que contienen 80, 100 o 125 manzanas cada uno.

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