Susana, la médica que refleja la contaminación del Valle en sus cuadros

“Padre, decidme qué le han hecho al río que ya no canta… Padre, que el campo ya no es el campo. Padre, mañana del cielo lloverá sangre. El viento lo canta llorando. Padre, ya están aquí… Monstruos de carne con gusanos de hierro… Padre, que están matando la tierra. Padre, dejad de llorar que nos han declarado la guerra”

La música de Joan Manuel Serrat viene a la mente cada vez que Susana va a Allen a visitar a su pequeño nieto. Recorre las rutas y mira como de los frutales del valle, se levantan esos grandes gigantes, como gusanos de hierro que se meten en el interior de la tierra para extraer ese bendito “oro negro”, que promete prosperidad. Sin embargo va manchando todo lo que toca: la tierra, las plantas y el agua.

Susana Giacomodonato es cordobesa y médica jubilada, pero sigue ejerciendo su profesión en un consultorio de calle La Pampa. Inició su profesión en Andalgalá, Catamarca, para luego migrar a la Patagonia.

“Cuando estaba en Córdoba estudiando medicina, también empecé con Bellas Artes, pero luego abandoné”, cuenta desde su casa. En el 2016 se jubiló y gracias a la sugerencia de su hija, retomó aquel hobby que le apasionaba de joven, la pintura.

“Una de mis hijas me inscribió en el IMBA, pero en principio no quería saber nada, hasta que accedí y empece con la carrera de profesorado en artes plásticas. En tercer año, nos piden elegir la orientación: grabado, pintura o escultura. Yo me incliné por la pintura y acá tengo algunas de las obras que prepare”, dice mostrando grandes cuadros.

Cada vez que voy a ver a mi nieto a Allen, veo esas gigantescas torres de petróleo y eso me motivó a pintar”

Susana Giacomodonato, médica jubilada y pintora

En los lienzos se puede ver cómo el verde del valle va desapareciendo, perseguido por grandes gigantes de hierro que instalan las empresas petroleras.

Años atrás esas grandes torres junto a las llamadas “cigüeñas” (bombas de varilla) sólo se veían en extensas zonas de campo, pero en la última década han ido ganando terreno entre el monte frutal del Alto Valle. Y eso causó el dolor de Susana.

“Me impactó mucho el libro “Las bocas del tiempo”, de Eduardo Galeano, donde habla del mal que le estamos haciendo a la madre tierra. Los Mayas decían: bebo el agua que me bebe. Es decir que somos uno con la naturaleza. Hoy estamos matando a la naturaleza y por ende a nosotros mismo”, reflexiona la doctora Giacomodonato.

La artista destaca la enseñanza de su profesora, Carina Flores Mir, que la ha alentado a seguir indagando en esta temática.

“Yo se que la pintura que hago no es muy optimista, pero es la realidad que vivimos, lo vemos. Sabemos de las denuncias que hay en Allen y Roca por la contaminación de la tierra, del agua y del aire generado por fraking”, dice.

Documentales como “Antes que sea tarde”, de Leonardo Di Caprio, también aportaron a Susana un triste panorama a nivel mundial con los efectos del cambio climático. “Hay veces que me dan ganas de llorar, Escucho a Serrat y me pregunto qué estamos haciendo. Creo que un tiempo no muy lejano nos va a pasar lo que dice la letra de esa canción”, reflexiona la pintora.

En una de sus obras se puede ver el colorido de la naturaleza con grandes hojas verdes, ocres y amarillas, de donde también salen manos hacia el cielo, como pidiendo socorro. En la orilla un río azul va desapareciendo en un agujero negro alimentado por petróleo. En otros cuadros se destacan las grietas, abismos y ojos malignos que buscan destruir nuestro valle.

Susana pinta y denuncia, para que su nieto no tenga que ver, cuando grande, lo que a ella hoy le aterroriza.

“Padre” de Joan Manuel Serrat

Padre, decidme qué le han hecho al río que ya no canta. Resbala como un barbo muerto bajo un palmo de espuma blanca. Padre, que el río ya no es el río. Padre, antes de que vuelva el verano esconda todo lo que tiene vida. Padre, decidme qué le han hecho al bosque que no hay árboles. En invierno no tendremos fuego ni en verano sitio donde resguardarnos. Padre, que el bosque ya no es el bosque. Padre, antes de que oscurezca llenad de vida la despensa. Sin leña y sin peces, padre tendremos que quemar la barca, labrar el trigo entre las ruinas, padre, y cerrar con tres cerraduras la casa y decía usted, padre, si no hay pinos no se hacen piñones, ni gusanos, ni pájaros.

Padre, donde no hay flores no hay abejas, ni cera, ni miel. Padre, que el campo ya no es el campo. Padre, mañana del cielo lloverá sangre. El viento lo canta llorando. Padre, ya están aquí… Monstruos de carne con gusanos de hierro. Padre, no tengáis miedo, decid que no, que yo os espero. Padre, que están matando la tierra. Padre, dejad de llorar que nos han declarado la guerra.

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