Todo está guardado en la memoria

Carlos Castillo (carloscastillo@rionegro.com.ar) 

“Cacho” Cacopardo recuerda los tres años de encierro durante la dictadura y su presencia en los Juicios a los militares.

“En abril de 1976 me detienen a plena luz del día, cerca del Sindicato de Luz y Fuerza, en la provincia de Córdoba. Nos llevaron a la División de informaciones, donde se sabía que había represión y torturas. El que estaba a cargo era Luciano Benjamín Menéndez, “El Chacal”.
Alberto Cacopardo relata los hechos vividos durante la dictadura militar como si estuviera leyendo. No necesita buscar demasiado en su memoria. Fechas, nombres y lugares surgen de la nada, como si todo hubiera ocurrido hace poco tiempo.
“Cacho” nació el 4 de octubre de 1948 en Capital Federal. A los 21 años comenzó su militancia política en la Tupac. Fue influenciado por su hermana a participar de actividades políticas en la Facultad de Ciencias Económicas, donde había mucha participación de los alumnos en distintas agrupaciones y el clima general del país y del mundo “invitaba a hacer algo”.
“Había mucha lucha, rebeldía y esperanza en cambiar al mundo. Queríamos tomar el cielo por asalto”, dice esbozando una sonrisa y agrega que confiaban en la lucha de masas, en la conciencia colectiva y recuperar los sindicatos de la clase obrera. En ese aspecto “Córdoba era el faro revolucionario del país, donde había una explosión social y los obreros de la Fiat y la Renault estaban muy bien organizados”, destaca.
“Cacho” quería ser parte de ese cambio, hasta que llegó su secuestro. Fue a la hora de la siesta Él y su pareja Ivon fueron derivados a la comisaría y el 30 de abril, en un simulacro de fusilamiento ella es asesinada bajo el argumento de un intento de fuga. “Nosotros estábamos vendados. Ese fue el inicio de los asesinatos. Luego nos derivaron a la Unidad Penitenciaria N°1 (UPI) de donde luego fueron condenados a cadena perpetua 30 represores”, recuerda.
El olor a muerte iría en aumento. Las requisas eran frecuentes y todos debían estar desnudos y vendados. No podían ver, pero podían sentir los disparos y los cuerpos caer cerca de ellos, como el de Paco Bauduco o el de Marta Gonzáles, que estaba embarazada. “A ella la sacan del pabellón para que pudiera parir. Luego la devuelven y a los días la llamaron nuevamente. Ella y todos creíamos que le harían ver su bebé, pero fue fusilada, por supuesto intento de fuga junto a otros compañeros”, relata.
Aquellas frías y sangrientas paredes serían su casa del horror por tres años, recibiendo visitas de familiares solamente los fines de año del 76 y 77. Durante el traslado a La Plata, son golpeados, esposados y llevados como esclavos junto a los perros que solían soltar para que les mordieran las piernas, ocasionando más muertes.

El Mundial y la Cruz Roja
Gracias a las organizaciones de nivel internacional y el coraje de muchos presos políticos, los problemas en Argentina se pudieron visualizar.
“En una ocasión vino la Cruz Roja Internacional a visitar el lugar, pero ya nos habían advertido que no habláramos porque la íbamos a pasar mal. Sin embargo nos pusimos de acuerdo con el resto de los compañeros, que aquella sería nuestra única oportunidad para contar lo que estaba pasando. Así lo hicimos y ellos no podían creer las atrocidades que les relatábamos. En ese entonces yo estaba próximo a obtener la libertad, pero aproveché a contar lo que había pasado con mi compañera Ivon. Por hablar de más, me dejaron encerrado ocho meses más”, cuenta “Cacho”, mientras muestra algunas publicaciones de la época.
La cercanía del Mundial 78 hizo temer a los militares de posibles atentados y para evitarlos, hicieron llevar a todos los detenidos a Córdoba. “Trajeron detenidos de otras provincias y nos decían que si había un atentado durante los juegos, los primeros en morir íbamos a ser nosotros”, cuenta Cacopardo.
“Cacho” hace un alto en el relato para destacar el aporte importante que tuvieron en la cárcel de parte de los detenidos comunes. “Ellos tenían órdenes de no ayudarnos, pero gracias a los familiares de esos detenidos podíamos sacar mensajes hacia afuera del penal. La gente se escondía los papelitos entre medio de sus ropas y así logramos comunicarnos con amigos y familiares”, destaca.
Finalmente el 20 de enero de 1979 “Cacho” salió del Penal y afuera lo esperaba su hermana Alicia. Ese mismo año decidió irse de Buenos Aires y llegar hasta donde su hermano Carlos vivía, en Roca. “Recuerdo que asistí a los festejos del aniversario de la ciudad, el 1 de septiembre y me impactó que se homenajeara a Rafael Videla en un mismo nivel que el del General Julio Argentino Roca. Para muchos Videla era un grande de la Patria”, se lamenta.
En los últimos años de la dictadura, en nuestra ciudad, “Cacho” inició la carrera docente en el Instituto de formación Docente, ya que le estaba vedado entrar a la universidad. Llegada la democracia ingresó a la Universidad del Comahue y en 1993 se recibió de profesor.
En el 2010 Alberto Cacopardo se sumó a las víctimas que declararon en el primer juicio que condenó a Jorge Rafael Videla y a Mario Benjamín Menéndez, entre otros, a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad. En el 2017 participó como testigo en la condena hacia un policía de la División de Infantería y ese mismo año en Roca participó del juicio realizado al Juez Ricardo Haro, por tomar declaraciones a detenidos en medio de una represión en la cárcel. “Hubo cuatro jueces implicados, dos fueron absueltos y otros dos con condenas leves y dejados en libertad”.
Durante la última semana el docente de Historia, junto a miembros del Observatorio de Derechos Humanos recorrió varios colegios secundarios contando su verdad y las nuevas luchas por ganar.
Actualmente Cacopardo está a cargo de la comisión de Memoria del Observatorio de Derechos Humanos y es autor del libro “Córdoba por asalto”.

Datos

El 27 de abril de 1976 “Cacho” es secuestrado en Córdoba junto a su pareja Ivon, quien será fusilada días después.

El 20 de enero de 1979 Cacopardo es liberado. Ese mismo año viaja a Roca donde vive hoy, siendo profesor de historia.

Me secuestraron en Córdoba. Pocos días después fusilaron a mi pareja Ivón por supuesto intento de fuga”. “Cacho” Cacopardo, Profesor de historia.

 

 

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