Tres historias de canillitas: toda una vida entre papel y tinta

Por Carlos Castillo y Marina Contreras

Se celebró el pasado miércoles el día del canillita. En tiempos de noticias por internet, ellos resisten con la venta de diarios en las esquinas de la ciudad.

Edith llega cada mañana a las ocho en punto a su puesto de venta de diarios, ubicado afuera del supermercado Cooperativa Obrera de calle Tucumán, entre Buenos Aires y Chacabuco. Abrigada en su campera roja y con un café entre las manos, recibe el saludo de los clientes del supermercado.

“Hola Edith, llegó mi pedido”, dice una mujer mientras ingresa al local. “¿Para cuando los dinosaurios?”, dice otra mujer que seguramente espera el muñeco para regalárselo a algún nieto.

Al lado de la ventana están desplegados todos los diarios de la región, algunos traen libros, otros revistas o juguetes para incentivar la compra. “Río Negro”, “La Comuna”, “La Mañana de Neuquén” y revistas como “Paparazzi”, “Hola”, etc., son algunos de los productos que ofrece de lunes a sábados.

Edith Salazar se toma un tiempo y cuenta a este medio que en realidad ella es uruguaya, nacida en Montevideo, donde se recibió de oficial envasadora.

17 años como “canillita” es lo que lleva Edith Salazar en las calles de Roca.

“Por aquellos años trabajé en la fábrica de fideos Adria y en El Trigal, fábrica de galletitas. Allí conocí a quien fue mi esposo, un oficial pastelero argentino, que me trajo a Argentina”, recuerda.

Ella tenía 27 años cuando llegó a nuestro país y se instaló en una vieja casona de la mítica esquina porteña en San Juan y Boedo. “Allí alquilábamos con otra familia para poder pagar el alquiler”, dice. Pasó también por Mar del Plata, hasta que llegó al Valle en 1997, instalándose en Regina.

Yo empecé a vender diarios cuando salió “La Comuna” en el 2001. Actualmente creo que soy la única mujer canillita” Edith Salazar, canillita

Tuvo cinco hijos que hoy van desde los 21 a los 34 años. Junto a su ex marido tuvieron que venirse a Roca por un problema de salud de una de sus hijas. En esta ciudad tuvieron una pastelería, pero situaciones familiares llevaron a la separación y a comenzar una vida sola con sus hijos a cuestas.

Las primeras opciones de trabajo se dieron a través del trueque, se multiplicaban en los distintos barrios de Roca. Eran tiempos difíciles y premonitorios de lo que vendría luego: la crisis del 2001.

Hacia fines de ese mismo año nacía el periódico “La Comuna” bajo la dirección del abogado Ricardo Gamba. La distribución estuvo a cargo, hasta el día de hoy, por Pato Muñoz, quien supo organizar a una gran cantidad de canillitas, llevando el nuevo periódico a todos los barrios.

“Yo empecé vendiendo ‘La Comuna’ y luego arranqué con otros diarios. Incluso aprovechaba y llevaba las revistas a las peluquerías o consultorios. Ellos me compraban la revista ‘Caras’, entre otras”, cuenta Edith.

Algunos de sus hijos tuvieron que ser cuidados en el Hogar del Patronato, otros se los llevaba con ella a vender diarios. “Cuando terminaba pasaba a buscar a mis otros hijos al Hogar y nos volvíamos a casa”, dice la mujer de pelo rubio y la sonrisa amable.

El sacrificio de Edith con la venta de diarios dio sus frutos y a pesar de que los hijos ya están grandes ella sigue firme en la vereda de calle Tucumán.

“Las ventas han caído mucho, pero la paso muy bien acá. Ya nos conocemos con los clientes del mercado y los vecinos. Antes me levantaba a las seis de la mañana, pero ahora es mi hijo Lucas el que se encarga de hacer el reparto por las casas, así que yo vengo a las ocho al centro y me instalo en este lugar”, relata la única mujer canillita que hay en Roca.

La bicicleta es la fiel compañera de Miguel desde hace 23 años

Muchos canillitas han accedido a la compra de una moto para realizar el trabajo de reparto por los distintos barrios donde entregan los diarios a los suscriptores. Es más rápido, menos esfuerzo y de bajo costo en transporte. Pero este no es el caso de Miguel Cañupan. La bicicleta es su fiel compañera en este oficio que ya lleva 23 años para el hombre de 38 años.

“La Comuna” lo encontró parchando la rueda de la bici en la esquina de Don Bosco y 9 de julio.
“Soy fanático de la bici. Con ella hago el reparto todas las noches desde las once a las dos de la mañana. Después me voy a dormir y vuelvo a las siete de la mañana a mi puesto, acá sobre las vías”, relata Miguel.

Comenzó con la venta de diarios a los 15 años cuando andaba en busca de trabajo. “Yo necesitaba plata para mis gastos y comencé con esto. Me recorría los barrios Villa Obrera, 827 viviendas, las 250, 500, Aeroclub y otros. Lo hacía sobre todo los domingos que es cuando más se gana”, cuenta.

Mientras cuenta su historia, los clientes llegan en sus vehículos y se detienen en su puesto con la mano afuera de la ventanilla. Dinero en mano extienden su brazo y con una sonrisa Miguel les entrega el diario, sin preguntar cuál quiere. El acuerdo se sella con un guiño de ojos o con un “¡gracias!, hasta luego”

Desde hace años recorro los barrios de Roca en bicicleta, luego me instalo en Don Bosco y las vías” Miguel Cañupan canillita

  • De madrugada Miguel entrega diarios a domicilio. A las 7 se instala en su puesto de Don Bosco y 25 de Mayo

Los ocho años que lleva en el mismo puesto le permiten conocer bien a cada uno de sus clientes. “Esta dos esquinas son peligrosas. Pasan muchos accidentes, sobre todo en 25 de mayo y Don Bosco. Habría que poner un lomo de burro”, considera.

En cuanto a la venta de diarios dice que ha disminuido mucho, pero que todavía le permite tener alguna ganancia. Miguel vende unos 70 diarios por día, pero los domingos ese monto se duplica.

“El fin de semana hago el recorrido por las casas y ahí se venden como cien, después en el puesto de las vías vendo otros 60 más. Y de “La Comuna” vendo más de 40 los viernes”, detalla.

A pesar de ello, el dinero no alcanza y por las tardes Miguel hace mensajería, lo que le permite sumar algunos pesos más.

Ya son las 12 y Miguel acomoda su equipaje en la bicicleta. Es hora de irse y esperar que llegue la noche para emprender una nueva recorrida en su fiel compañera, cargada de noticias.

“A los nueve años ya vendía diarios con mi hermano”

Con las piernas cruzadas arriba de su moto, el hombre espera, tranquilo, que lleguen sus primeros clientes.

Remigio Valdebenito es canillita, dueño de una de las rotondas céntricas más importantes de la ciudad .
La mañana siguente de la celebración del “día del canillita”, Remigio retoma un rutina y sus conocidos se acercan a saludarlo con mucha alegria.

“Esta es la relación que tengo con mis clientes, siempre trato de brindales lo mejor, para mi es fundamental sacarles una sonrisa a cada personas que le entrego el diario. Saber que se van un poco mejor, me hace feliz a mi también”, asegura.

Como hermano mayor de la familia tuvo que tomar la decisión de buscar una oportunidad laboral que le permitiera a su mamá y a sus cuatro hermanos salir de una difícil situaciones económica. Así llega a su primer empleo con tan sólo 9 años: vendedor de diarios.

Remigio el diariero de la rotonda de Av. Roca y 9 de Julio.

Fue la calle y su trabajo lo que lo formó, no pudo ir al jardín ni a la escuela. “Aprendí el abecedario y armar palabras gracias a otro canillita. Tenía poca paciencia para explicar, así que tuve que aprender rápido”, relató mientras se le escapa un sonrisa, como volviendo en el tiempo.

La vida lo ha llevado por muchos caminos, luego de cuatro años como canillita, se trasladó a las chacras valletanas donde se desempeñó como obrero rural en la cosecha de uvas. Durante algunos años se animó a incursionar en el rubro gastronómico como mozo, trabajo que lo llevo a atender varias de las cafeterías históricas de la ciudad.

“La clave para ser un buen canillita es cumplir siempre con el cliente, nunca dejarlo sin su diario” Remigio Valdebenito, canillita de Av. Roca y 9 de julio

También vió una posibilidad para seguir avanzado en la panadera, la carpintería y otros rubros más.
Recuerda que comenzó su trabajo como canillita junto a se hermano cuando era dos niños. “Nos comentó de la posibilidad de este trabajo un hombre que nos conocía, que nos veía siempre en la calle.

Le dijimos que sí porque nos iba a generar un ingreso para llevar a nuestra casa. En ese momento mi mamá no tenia trabajo y éramos cinco personas viviendo en un mismo lugar”.

El comienzo fue bastante duro para Remigio y su hermano que en ese momento tenia 7 años. Pero los fuerte inviernos de los años 70 no le hicieron bajar los brazos. En ese tiempo el reparto se hacia caminando, con nieve, lluvia o viento. Desde muy temprano comenzaba la venta de diarios recorriendo todos los barrios de la ciudad.

Si bien se alejó de este trabajo a los 13 años, luego de más de un década decidió retomar y se instaló en la actual rotonda de avenida Roca y 9 de julio. Todos los días, a partir de las 23, comienza su jornada laboral: retira los diarios calentitos y arranca con el reparto puerta por puerta.

“La clave para ser un buen canillita es cumplir con el cliente, nunca dejarlos sin el diario”, es uno de los consejos que da este experto canillita a las novatos vendedores.

Muy temprano llega desde Barrio Nuevo y espera en la esquina que pases sus clientes a retirar la nueva edición del periódico. Un abrazo y un buen día no pueden faltar mientras busca en su bolso el “Río Negro”. Con gran habilidad lo despliega para una mejor presentación ante el comprador.

Cerca de las nueve traslada sus ventas a un supermercado que se encuentra ubicado a solo una cuadra de “su sitio”.

Este canillita ha reforzado sus habilidades para atraer compradores porque asegura que en los 27 años que lleva trabajando en el rubro ha podido mantener la cantidad de ejemplares vendidos. “Este trabajo al igual que todos tiene su sacrificio. Los días de lluvia son los más complicados pero a pesar de ello de lunes a lunes me encuentran en el mismo lugar”.

¿Por qué se llama canillita?

Cada 7 de noviembre se celebra el Día del Canillita, en honor a los repartidores de diarios y revistas. La fecha se eligió en conmemoración a la fecha de la muerte del dramaturgo uruguayo Florencio Sánchez, quien creó el término “Canillita” para nombrar al protagonista de una de sus historias.

Sánchez falleció el 7 de noviembre de 1974 tras lo cual se implementó el día en honor a los repartidores. “Canillita” era un chico que vendía diarios para ayudar a sus padres.

En la obra, el protagonista, que era muy pobre, usaba unos pantalones que tenía desde chico y que con el paso del tiempo le fueron quedando chicos, con lo que dejaban ver sus “canillitas” mientras vendía.

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