Un “artesano” de la fruta y el galpón: incansable trabajador

La pera “Williams”, vedette rionegrina en el mercado frutícola de ultramar; fue hecha por el trabajo y esfuerzo de hombres y mujeres desde la planta y empaque hasta el frío. Una cadena humana en la que José Pranao es fuerte eslabón hace 44 años.

Detrás de esos pallets y cajones con cientos de kilos de fruta que recorren el mundo, se esconden historias de obreros, pilares en la producción de peras y manzanas. Historias de sacrificio y esfuerzo, historias injustas, historias de superación y también historias felices. La de José, es diferente.

José Pranao (Foto: Cesar Izza)

Es la historia de un adolescente que signado por los golpes de la vida aprendió a ser artesano y constructor de la fruta, organizador de las filas y versátil en cualquier puesto. Es la historia de un apasionado por el trabajo que dejó más de 73.500 horas de su vida en un galpón de empaque, donde se crió.

Manos laboriosas, mirada sencilla y ojos cansados pero andar inquieto, lo describen corriendo de un sector a otro en el galpón de “Agro Roca”, en Stefenelli. Nació en Jacobacci pero a los cinco años llegó a Roca con su familia. Es trabajador de la fruta desde los 14 años en la Primera Cooperativa Frutícola.

Galpón Agro Roca (Foto: Cesar Izza)

Pasó 38 años como empleado en “Agro Roca”, donde estuvo en todas las tareas: embalador, emboquillador, papelero. Hoy es encargado del sector de materiales y el sábado fue reconocido entre otros doce vecinos relacionados a la fruta en la Fiesta Nacional de la Manzana.

Se trata de un hombre común, con necesidades comunes que creció a la par del desarrollo de la fruticultura. Las malas rachas, las buenas épocas, la incertidumbre de una economía “en riesgo” para los pequeños y medianos productores hicieron de su vida un vaivén; pero del trabajo, una filosofía de vida.

“Si en estos 38 años acumulé 30 días de inasistencia en total por parte médico, es mucho”, comentó entre risas. Trabajó desde muy chico. La muerte temprana de su padre, lo llevó a dejar de estudiar en la ENET 1, para poder llevar dinero a la casa. José era el hermano mayor.

Formó su familia también puertas adentro del galpón. A su esposa la conoció ahí y luego pasó a ser la madre de sus tres hijos.

El embalador era un artesano en los 80’. En postemporada, tenía que tamañar porque trabajaba directo desde el bin. José Pranao

La nostalgia del ayer invade a José. Ahora se ve como un artesano, allá por los ’80. Porque entre muchos otros artes, dominaba el arte de encontrar quince tamaños de fruta en sólo un bin. Cuando mira para atrás no hay nada más grande que el orgullo.

Décadas de transformación

Todo es eléctrico por estos días, eso no deja de sorprender a José, cuya exigencia física fue cambiando con el correr de los años. “Ahora la fruta se le pone un código de barra. Cuando yo empecé no era así”, contó José. Al igual que la máquina de tamañado, ahora es eléctrica.

“Antes el emboquillador venía con una carretilla manual y tenía que embocar y pasar por el agua. Antes se vendía todo suelto, antes tenías que cargar y descargar. Ahora se baja con autoelevadores, todo era sacrificado y a pulmón”, comentó.

Galpón Agro Roca (Foto: Cesar Izza)

La fruticultura a través de sus ojos

“Pasé por todas las etapas del galpón de empaque”, rememoró acotando que esta etapa es muy difícil para los trabajadores de la fruta. “Cada vez se va a hacer muchísimo más complicado. Si a los productores les da pérdida no van a seguir; y si no, quedarán cuatro empresarios grandes con todas las chacras” opinó.

“Me acuerdo de Expofrut, de Liguori, de Saint Martin. Muchos galpones que terminaron. Muchos conocidos que se quedaron sin trabajo, hasta con 40 años de antigüedad”, confesó el hombre homenajeado.

Empleada clasificando fruta de primera, segunda y tercera clase. Galpón Agro Roca (Foto: Cesar Izza)

A siete años de jubilarse, José ya cumplió su sueño. “Ir a Cuba con toda mi familia era mi sueño y lo logré el año pasado. Fue lo más espectacular que me pasó en la vida. Mi nieta también me ha cambiado la historia”, concluyó con nostalgia agradeciendo a la vida, el día que le permitió encontrarse con este oficio.

  • 3 minutos tardaba José en sus inicios, en embalar una caja de frutas tamaño 100.

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