Una olla y una pelota para los chicos

Carlos Castillo/carloscastillo@rionegro.com.ar

Claudia y su madre Leonor brindan comida a los niños más carentes de Alta Barda en el “merendero corazones”. También dirige a los pequeños en los torneos de fútbol junto a su marido Julio.

Claudia tiene seis hijos y uno por nacer. Camina lento y debe hacer reposo por indicación médica. Sin embargo no se queda quieta y organiza lo que será la próxima entrega de alimentos a los chicos que salen de la escuela, los miércoles y viernes.
El merendero, que funciona en su casa de calle Los Claveles y Los Jazmines, a pocos metros del centro comunitario de Alta Barda, se llama “Corazones”. Y el nombre no es casual, tanto ella como su madre Leonor tienen un corazón tan grande que no necesitan un gran salón o contar con grandes elementos para dar la comida a familias enteras de la zona más crítica de Alta Barda.
Su tiempo, sus manos y su corazón alcanzan para ayudar a niños y niñas con muchas carencias.
Todo empezó con los equipos de fútbol que dirigía su esposo, Julio Castro, y que ella acompañaba. “Yo les llevaba el agua, juntaba los documentos, hacía las inscripciones y les preparaba la leche junto con mi hermana que llevaba la olla en un auto para que estuviera calentita”, cuenta Claudia.
Aquel equipo inicial estaba compuesto de 12 chicos y en el mejor momento llegaron a tener tres equipos de fútbol. Hoy sólo hay uno y Claudia explica por qué: “Pasa que estoy embarazada de mi séptimo hijo y el médico me pidió que me cuide, así que no puedo andar mucho en las canchas y mi marido trabaja en la chacra durante la semana. Eso hizo que él esté solo con los chicos para entrenarlos los sábados o domingos”, explica.
Alta Barda es uno de los barrios más alejados de la ciudad y la mayor cantidad de sus habitantes son hijos o nietos de los primeros pobladores de J.J.Gómez, que cruzaron el canal grande para instalarse. La gran mayoría son trabajadores rurales o viven de changas. Muchos de esos niños y niñas tiene muchas carencias sociales, lo que llevó a la familia de Claudia a pensar en abrir el merendero y comedor “Corazones”, brindando un aporte importante a la hora de recibir un plato de comida.
Claudia asegura que el merendero se sostiene sólo por el aporte de familias que conocen del esfuerzo que se realiza para darles alimentos a los chicos y realizan campañas para aportar leche en polvo, fideos, azúcar, yerba, ropa y zapatillas. “Nunca nos metimos en política y esto lo hacemos porque vemos la necesidad de los chicos”, afirma.
Destaca que algunas mujeres y hombres que no son del barrio, organizan entre sus propios amigos y familiares colectas que envían al merendero. Incluso durante el año pasado se organizó una campaña llamada “cena digna” y consistía en preparar cajas navideñas con pollo fresco, gaseosas, budín y otros alimentos. “A pesar de todo lo que se hace mucha gente no queda conforme y nos critica porque algunos se quedan sin alimentos, pero tratamos de priorizar a los que menos tienen. Acá hay mucha necesidad”, asegura Claudia.
La situación de las familias y la poca ayuda que hubo en un momento, hizo que Claudia pensara de cerrar el merendero, pero cuando la gente se enteró, comenzó a juntarse y buscar ayuda extra para asegurar los alimentos.
En la actualidad son más de 80 los chicos y chicas que se acercan en busca de una ración de comida y aumenta hasta 120 si se cuentan las mujeres y abuelos.
El comedor funciona los miércoles y viernes, mientras que la merienda se da los lunes, martes y jueves.
“Mi casa no es muy grande y por eso cocinamos en una olla y cuando llegan los chicos de la escuela le entregamos en un tapper para que lleven a sus casas”, dice Claudia y cuenta que están construyendo un salón en el patio de su casa, pero no lo pueden terminar por falta de fondos y de materiales. “Nos faltan los perfiles para luego colocar las chapas. Una vez que podamos techar, creo que podremos dar la leche y la comida acá”, se ilusiona.
Claudia no está sola en este proyecto solidario, ya que hacen su aporte su mamá, Leonor Salazar; la nuera Yael Chaparro y su hermana Nadia Muñoz.
A ellos se suma un grupo de jóvenes de Medea (Iglesia Evangélica) que brinda talleres de cocina, manualidades y proyección de películas los miércoles de 18 a 20 hs.

Dura infancia
Cuando “La Comuna” le consultó a Claudia por qué realizaba esta actividad, a pesar del mucho trabajo que genera mantener una casa con varios hijos, ella es contundente: “yo lo vivi de pequeña”.
Según relata, su mamá tuvo diez hijos y hubo tiempos que en su papá no tenía trabajo. “Nosotros teníamos que ir al salón comunitario de Gómez a las 9 de la mañana y nos daban comida a la una de la tarde, porque era tanta la cola que había que teníamos que esperar mucho. Yo viví lo que a ellos les pasa ahora. Incluso había días en que papá y mamá no comían para que nosotros lo hagamos. Fueron tiempos muy duros. Fue en la época de Alfonsín, donde algunos recibían la caja PAN, pero como mi papá no tenía documentos no nos daban la caja”, recuerda Claudia mientras toma los primeros mates de la mañana.
Su madre Leonor, es quien prepara dos grandes ollas con agua para comenzar a cocinar. Ella afirma lo que dice Claudia y asegura haber tenido también una infancia dura, trabajando en chacras o buscando comida porque la situación era difícil para ellos. Sin embargo algo que les enseñó la pobreza es que siempre hay otros que sufren igual o más que ellas. La idea de que otros no sufran esa falta de comida hizo que todos los días estuvieran al pie de la cocina para dar la leche o preparar un guiso para el almuerzo. “Siempre quise sacar chicos de la calle. Esa es nuestra meta”, asegura Leonor, mientras revuelve con una cuchara de madera las ollas.
Desde la infancia, el corazón de Claudia, su madre y sus hermanos quedaron marcados por una vida dura. Ese corazón es el mismo que se duele al ver a chicos de Alta Barda sin zapatillas, sin abrigo o sin un plato de comida.
Es por eso que necesitan de la ayuda de la comunidad para seguir brindando tan importante apoyo a la niñez de la zona oeste de Roca.
Los interesados en colaborar co alimentos no perecederos, ropa o materiales como tirantes o perfiles para terminar un salón, donde podrán recibir la comida, pueden hacerlo comunicándose al celular: 2984 643619 o vía Facebook al “merendero corazones”.

Datos:

80 chicos aproximadamente son los que reciben una ración de comida los miércoles y viernes.

7 hijos son los que tiene Claudia y con la ayuda de su madre Leonor y hermanas ayudan a los demás.

Siempre quisimos sacar chicos de la calle, esa es nuestra meta, para que no vivan lo que nos tocó a nosotras”, Leonor Salazar, cocinera y mamá de Claudia.

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