“Ver la escuela quemada me hace doler el corazón”

Heraldo es portero del CEM 9 de Roca hace 36 años. A los 65 años, está a punto de jubilarse, pero asegura que no se irá hasta que el edificio esté otra vez en pie, luego de las llamas.

“Abuelo, abuelo, el colegio se está quemando, me dijo mi nieto el día del incendio, a la una de la mañana. Me levanté y salí corriendo con mi hija. Cuando vi las llamas consumiendo hasta el techo no lo podía creer. Siento un gran dolor por lo que hicieron”.

Con un nudo en la garganta el hombre de guardapolvo azul recuerda lo ocurrido el pasado cuatro de febrero en horas de la madrugada, cuando un grupo de adolescentes provocó las llamas que consumieron la totalidad del segundo piso del edificio, en Avenida Roca y Gelonch.

Un límpido cielo azul asoma por el techo de las aulas, que contrastan con grises y negros de cabreadas y chapas quemadas por el intenso fuego.

Bancos y sillas deformadas en medio de escombros y cables colgando por todos lados hacen imposible transitar por el lugar.

Todo es negro, con fuerte olor a quemado y hasta un polvillo de las placas de yeso mezclado con partículas de lana de vidrio se meten en la garganta, provocando la picazón y malestar en las fosas nasales.

Heraldo López es el portero y a pesar que ya pasaron 20 días del siniestro, él no se va del lugar. Camina entre los escombros y se pierde por un oscuro y largo pasillo con paredes tiznadas.

En la escuela no hay nadie, sólo Heraldo. La dirección del establecimiento tuvo que trasladar su oficina al secundario N° 1, desde donde hace intentos desesperados para que las clases comiencen en tiempo y forma, aunque en otros edificios escolares (ver aparte)

“La directora dijo que me iban a enviar a otro colegio, pero yo no quise. De acá no me muevo”, afirma Heraldo, quien es portero desde hace 36 años y justamente durante este 2019 debe jubilarse.

“No esperaba irme de esta manera…Mire cómo está todo quemado…Me da mucha pena… Pero no me voy a ir hasta no ver que quede remodelado. Pasa que esta es mi segunda casa. Acá vinieron mis hijos y actualmente tengo tres nietos que cursan acá. No me puedo ir ahora…”, dice Heraldo mientras mira para otro lado para no mostrar las lágrimas.

Sobre una de las paredes tiznadas se ven 30 placas, de las cuales quedaron casi intactas las de bronce. Allí se mencionan a los bachilleres egresados de 1968 o los Peritos Mercantiles del ´65 y tantas otras donde se enumeran a cientos de alumnos que pasaron por el colegio desde cuando se llamaba “República Dominicana”.

Con voz quebrada Heraldo recuerda que él fue quien colocó todas esas placas . “Yo conocí a muchos de los alumnos nombrados en estas placas. Algunos de ellos hasta hoy se acuerdan de mí y me pasan a saludar. Por eso es que me afecta tanto lo del incendio. Incluso en un momento tuve miedo que me pasara algo porque sufro del corazón y esto me pone muy mal”, afirma.

Mientras camina esquivando escombros, cuenta que nunca faltó a su trabajo y que siempre tuvo una excelente relación con los chicos y chicas del colegio. “Ellos me suelen preguntar cosas a mí antes que a los preceptores. Son como mis hijos. ¿Sabes las veces que me subí al techo y camine por el interior de esas vigas de hierro para sacarles la pelota que quedaba atrapada cuando jugaban al voley?”, relata.

Cuando se le pregunta qué piensa de los chicos que incendiaron el colegio, Heraldo se pone serio, se enoja y lanza: “Ellos tendrían que venir a limpiar todo esto. Los chicos con sus padres, así se dan cuenta del mal que hicieron. Ojalá nunca me los tenga que cruzar porque no sé cómo voy a reaccionar”.

Mientras se espera que el Ministerio de Educación envíe a una empresa a reparar todo el segundo piso del colegio, el portero López no quiere moverse de su lugar de trabajo.

“Mientras espero que venga la empresa, cuido lo que queda, riego las plantas, estoy acá… Tal vez me saquen cuando empiecen los trabajos, pero voy a volver. A pesar que me tengo que jubilar, no pienso hacerlo hasta que no vea la escuela como tiene que estar, linda y llena de chicos”.

El dato

  • 36 años como portero lleva Heraldo López en el secundario ESRN N°9 de Av. Roca y Gelonch, frente al hospital.

Una de las principales preocupaciones de los padres por estos días es saber a qué lugar irán sus hijo/as en el presente año lectivo. La directora de la ESRN N°9, Viviana García Blanco, informó que los alumnos del primer ciclo (primero a tercer año), tendrán clases en el ex Instituto de Formación Docente, ubicado sobre calle Mitre, entre España y Maipú, en los turnos mañana y tarde.

Otra tanda de alumnos, de cuarto a quinto año, irán al colegio María Auxiliadora en el turno tarde, mientras que los del turno mañana lo harán en el colegio San Miguel, al sur de la Ruta Nacional 22, en Stefenelli.

“Lo que estamos necesitando de los padres es que se acerquen al ESRN N°1, donde estamos funcionando y nos confirmen los que no necesitan transporte para ir al colegio San Miguel”, solicitó la directora.

Tardarán seis meses y costará 45 millones

A medidados de la semana pasada se realizó la apertura de sobres en la licitación para reparar las instalaciones del colegio incendiado.

La empresa Eraiki fue la única que se presentó con un presupuesto de $45.295.134.

Mediante un comunicado, desde provincia indicaron que la idea es contratar “lo más rápido posible, como lo habilita la normativa vigente en materia de obra pública para casos de siniestro”, manifestaron.

El dato

  • 45 millones es el presupuesto presentado por la empresa Eraiki para refaccionar el colegio secundario.

La obra prevé un plazo de 180 días e incluye la instalación completa de gas y calefacción del establecimiento; demolición y extracción de cubiertas y carpinterías; la construcción de las cabreadas estructurales; el recambio de puertas y ventanas y se reemplazará la totalidad de los vidrios.

La obra incluirá la instalación eléctrica completa contra incendios; se reconstruirán los cielorrasos en distintos sectores del edificio; y se reparará la totalidad de los revoques interiores y exteriores con pintura integral de la escuela, se informó.

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